Gema estaba en su casa estudiando, la noche
había sido muy calurosa y no había descansado bien, la próxima
semana tenia un examen y estaba de mal humor, sus padres estaban en la capital
y llegarían por la noche.

David, su novio, estaba enfadado y hacia tres días que no iba a buscarla,
no se podía concentrar y al final opto por dejarlo.
Gema era una morena de 18 años con una cara angelical, un pecho hermoso,
unas piernas torneadas y un gran cuerpo, alta y rellenita sin llegar a ser gruesa,
en una palabra una tía buena.
El timbre de la puerta sonó y Gema bajo para abrir sin acordarse de que
estaba en camisón transparente y solo con las braguitas puestas, se le
veían las tetas y los pezones se marcaban erectos en la fina tela.
Curro, el cartero, se quedó de una pieza, el sol entraba a raudales y
en combinación con la oscuridad de la casa, parecía que Gema estaba
desnuda, sus hermosos muslos se transparentaban y las mini braguitas, mostraban
un bulto enorme que hacían imaginar un buen chocho rodeado de pelitos.
El cartero era un buen ejemplar de macho ibérico, con 39 años,
alto y corpulento mas bien feo con una nariz abultada, pero bastante simpático,
había estado casado, pero actualmente separado, había llegado
destinado al pueblo hacia unos meses y se comentaba que tenia un buen cipote,
frecuentaba los fines de semana la disco y ligaba bastante.
Le dijo que tenia que firmar un certificado y pasaron al interior de la casa,
dejo la cartera en la mesa y sacando el libro le dijo donde, después
de entregarle una voluminosa carta.
Gema, se agacha y mientras ella firmaba, el cartero le estaba viendo las tetas
con sus pezones sonrosados y su polla pronto formó una tienda de campaña,
dentro de su pantalón.
La respiración de Curro se agitaba por momentos y el bulto del pantalón
cada vez era más grande, cuando Gema termino y se puso derecha, le miro
con una sonrisa en su bella cara y le dijo que si quería un refresco.
El cartero con la cara congestionada, le dijo que si y mientras la niña
se dirigía a la cocina, admiraba su hermoso culo y el movimiento de sus
caderas.
Un grito salió de la cocina y Gema con la cara descompuesta, se precipito
en los brazos del cartero, dándole tan fuerte empujón que a punto
estuvo de hacerle caer al suelo.
La cara blanca como el papel y temblando de pies a cabeza, parecía que
había visto a un fantasma.
– Un ratón, un ratón- decía gritando.
Curro, soltó una sonora carcajada y la apretó mas contra su cuerpo,
notando los pezones de Gema, clavados en su pecho, después sin dejar
de reír, bajo su mano de la cintura y la deposito en su hermoso culo,
sobandolo a placer, después, dándole un pellizco, dijo: – Te
ha mordido el ratón.
Se separo de Gema y paso a la cocina, donde se apodero de una escoba dando fin
a la travesura del inesperado visitante.
Gema, estaba sentada en el sofá, tapándose la cara con las manos,
las piernas las tenia abiertas, dejando ver sus muslos y el triangulo de sus
bragas, los pezones querían taladrar la suave tela y la canal de sus
pechos se veía por encima del camisón.
Curro, se acerco a ella y sentándose a su lado, le paso el brazo por
encima de sus hombros, la atrajo hacia sí y levantándole la cara,
deposito un suave beso en su mejilla.
La polla del cartero, estaba totalmente erecta y mientras le decía al
oído palabras de consuelo, como en un descuido, agarro la mano de Gema
y se la puso directamente en su bragueta.
Gema susurraba que le tenia mucho miedo a esos bichitos, ya que de niña
se le había metido uno en su cama y paso un gran susto del cual todavía
no se había recuperado.
Curro, en vista de que la joven, no apartaba la mano de su bragueta y es mas
en un par de ocasiones, le había dado un suave apretón, opta por
meterle la mano por encima del camisón y apoderarse de uno de sus pechos,
sobandolo a placer.
Gema, opuso una débil resistencia al principio, pero no dijo nada, luego
el cartero se apodero de sus labios y mientras los besaba con deleite, le metió
la lengua y jugaba con la suya, pasándola por todo su interior.
Cuando sentio el calor de las manos, en sus muslos, los cerró por reflejo,
impidiendo que siguieran subiendo hacia su coño.
-No eso no por favor-acertó a decir.
Curro, le levanto el camisón, sacándoselo por encima de la cabeza,
dejando a Gema solamente en bragas, mientras seguía sorbiéndole
la boca, le agarro ambos pezones y con gran maestría, los retorcía
muy suavemente.
Gema, suspiraba y su respiración, se hacia mas agitada, apretaba cada
vez mas la picha del cartero y sus piernas, estaban totalmente abiertas.
Las bragas, estaban totalmente mojadas y su hermoso cuerpo, por fin estaba preparado
para ser poseído y amado.
Curro, se levanto del sofá y se desnudo totalmente, dejando ver un cuerpo
musculoso con mucho pelo negro y ensortijado y un cipote enorme y gordo con
las venas a punto de reventar.
Gema, miraba con terror aquella cosa enorme y su cara reflejaba mas miedo que
con el ratoncito, el cartero le quito las bragas de un tirón y metiendo
la cabeza entre sus piernas, comenzó a chuparle su mojado chocho, basándolo
y dándole con la lengua pasadas por el clítoris, mientras magreaba
con ambas manos su culo.
Una sacudida tenso su cuerpo y dando un largo suspiro, se convulsiono varias
veces, mientras dejaba escapar por sus labios un gritito de placer.
Curro se levanto de su coño y sin darle tiempo para recuperarse, coloco
la punta de su enorme verga entre sus labios mayores y de un soberbio empujón,
se la metió dentro toda la estaca hasta los cojones, luego con gran pasión,
y brutalidad se la metía y sacaba, mientras mordía los pezones
de ambos pechos.
El sudor corría por su frente y caía sobre el pecho de Gema que
no paraba de quejarse debido a las enormes embestidas del cartero.
Con un grito ronco y envarándose, comenzó a soltar esperma que
salía como de una fuente del chocho para correr muslos abajo empapando
el sofá.
Quedaron los dos tendidos recuperándose durante varios minutos y solamente
el timbre del teléfono, les obligo a recuperar la compostura a ambos.
Curro se acerco a la cocina y abriendo una botella de leche que saco de la nevera,
de un solo trago se la cargo, luego cogió un paquete de galletas y las
devoraba de tres en tres.
Gema atendía el teléfono y con grandes risotadas, estaba contando
algo al parecer gracioso, los dos estaban completamente desnudos y sus cuerpos
brillaban a causa del sudor.
Curro, cuando termino de comerse las galletas, saco del frigorífico una
tarrina de margarina y acercándose por detrás a Gema que seguía
hablando por teléfono, se coloco con el cipote pegado a su culo y mientras
con una mano le tocaba el pecho, la otra la embadurno de manteca y se la metió
por su coño, mientras le besaba el cuello.
Gema, se movía y reculaba rozándose con la polla del cartero que
intentaba en vano entrar por su culo.
Al otro lado del teléfono, su prima Maria, le estaba contando que había
visto a su novio en compañía de otra chica en el cine y al parecer
estaban muy a gusto los dos, se extrañaba que le estuviera pareciendo
tan normal y que soltara esas risotadas y esos ruidos como si fuesen el ronroneo
de una gatita.
Curro había sacado la mano del chocho y poniéndose mas manteca,
le había metido el pulgar por su ano.
Gema, se había recostado en la mesita del teléfono y mientras
Curro con la verga bien embadurnada se le metía poco a poco por el culo,
ella soltando pequeños gritos, se frotaba el clítoris y tenia
dos dedos metidos en su vagina.
El sol entraba por la ventana y daba de lleno en el espejo iluminando la estancia
y reflejando en el mismo los cuerpos de ambos que no paraban de follar.
Curro, había conseguido empalarla por el culo y los movimientos y jadeos
eran intensos, cuando más vigoroso parecía un suspiro de Gema,
seguido de tremendas sacudidas, indico que el momento había llegado.
Por favor, para, para no puedo mas, me rompes, para.
Los gritos de Gema no eran escuchados y la polla de Curro entraba y salía
de ese hermoso culo.
Una tremenda sacudida, seguido de otro chorro de esperma, indica que por fin
había llegado el descanso para el guerrero.
Se dejo caer, flojo como un vendo encima de Gema y la mesa no pudo resistir
partiéndose y cayendo ambos al suelo con teléfono, mesa, cables,
fotos, etc.
El estruendo fue espantoso y después del susto, comenzaron a reírse
como dos chiquillos traviesos.
Se besaron muy suavemente en los labios, y quedaron para verse al día
siguiente por la tarde en el río para bañarse y seguir descubriendo
nuevas sensaciones.

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