El día era inmejorable, todo acompañaba, el sol radiante se vislumbraba a través de mi ventana, la temperatura era agradable a pesar de estar en diciembre y nunca imaginé que ese sería el día en que mi fantasía dejaría de serlo.

Como todos los días, me disponía a bajar a las pistas de esquí, pensando que sería uno más, pero no fue así.

Al llegar, un apuesto hombre negro de unos veinticinco años con un cuerpo prodigioso y una mirada estimulante, me comentó que debido a una avería en la zona de los tele-silla las pistas permanecerían cerradas al menos esa mañana. En esos momentos no se que me pasó, tenía justo enfrente mi fantasía nunca cumplida, me estremecí al pensar lo que sería poder caer en brazos de ese hombre, me invadió una ola de deseo que jamás había sentido, poder besarle, sentir su cuerpo pegado al mío, deshacerme en caricias junto a el… pero no fue así.

Me desperté de aquella quimera cuando me preguntó si me pasaba alguna cosa y decidí emprender el camino de vuelta a casa, pero no sin antes interrogar a Jorge, un trabajador de la estación de esquí, sobre todo aquello que supiera del mulato. Me informó y determiné que no me podía marchar aquella mañana de allí sin al menos haberle besado, anhelaba mucho más, pero por el momento aquello me bastaría. Me acerqué nuevamente a él, pero esta vez con ganas de que notara que quería algo más, le pregunté todo aquello que Jorge me había contado antes y así entablamos conversación.

Me invitó a un café, no era eso lo que yo quería, pero acepté gustosamente. Una vez dentro de la cafetería, me preguntó si estaba sola, si no tenía ningún plan para esa noche y me acarició suavemente la cara mientras me lo preguntaba. Le respondí que no, que estaba sola y me convidó a cenar en su casa.

La hora de la cena era próxima y decidí que no solo me conformaría con un simple beso, quería más y quería follar con ese desconocido que tanto me excitaba, ya no solo por el mero echo de ser desconocido, sino porque además era negro y siempre se habían dicho muchas cosas de su sexo, cosas que estaba dispuesta a explorar esa misma noche. Me enfundé, a pesar del frío que hacía, en el vestido más provocativo que tenía, eso era lo que pretendía provocarle y que fuera él, el que me pidiera más. Llegué a su casa y todo parecía encantador, pero yo esa noche no pretendía ser una niña buena sino todo lo contrario. Me senté en la mesa no s rabia, pero yo no le dejaba, lo intentaba y me separaba, quería que lo pasara mal, que me deseara con todas sus ganas y le escuchaba muy cerca de mi jadeando, pero aún no había llegado la hora. Me levanté de un salto del sofá y me senté en la silla de nuevo, crucé las piernas y me humedecí el dedo pulgar con la lengua para después recorrer todo el escote con él. No podía más y notaba como él tampoco, su sexo hacia rato que estaba duro y se marcaba en sus pantalones, tenía ganas de metérmelo en mi boca, pero eso más tarde quería hacerle sufrir un rato.

Se volvió a levantar y se arrodilló frente a mí, me abrió las piernas y metió su mano entre ellas, ya no tenía ganas de jugar más lo notaba en su mirada, quería follarme en ese momento y no estaba dispuesto a perder más tiempo, le dije que parara no estaba preparada aún. La temperatura me subía y las ganas de chupar aquella polla negra y dura también, pero ya quedaba menos. No esperó más, me levantó y me condujo a la pared, empezó a besarme y ha tocarme los senos sin cuidado alguno, me desabrochó el vestido y me lo quitó. Sus manos se apoderaron de mis senos nuevamente, estos ya no podían estar más excitados, estaban duros y deseando que se los metiera en la boca, no tardó, y sentí como me mordía, la sensación era dolorosa, pero maravillosa a la vez. Dejó mis senos y se acercó a mi cosita, por aquel entonces estaba mas que húmeda y solo quería ser follada. Se arrodilló frente a mí que aún permanecía inmóvil en la pared, sujetó mi pierna en su hombro y empezó a lamer mi coño como nunca antes lo había hecho nadie. Me introdujo tres dedos y la sensación fue maravillosa. Le aparté de mi coño y me puse a inspeccionar su sexo, le acaricié por encima del pantalón y sentí lo que nunca había sentido, aquello era descomunal, nunca había estado con alguien que tuviera nada parecido. Le senté en el sofá no sin antes desnudarle y sentí su polla muy cerca de mi, no pude esperar y me la metí enterita en la boca ummmmm nunca había tenido nada parecido, crecía en mi boca y me gustaba como mi negro me la restregaba por toda la cara, la estuve saboreando un buen rato, era estimulante tener una polla de esas dimensiones en mi boquita, me gustaba, no lo voy a negar y aún se me ponen los pechos duros solo de pensarlo.

Se levantó y me tumbó en el sofá, me asusté al ver eso tan cerca de mi coño, pero al mismo tiempo estaba deseando que me la metiera y sin nada de tonterías ni juegos, hasta el fondo para sentirle bien adentro. Sentí su glande, duro, caliente y brillante. Mi coño estaba por aquel entonces más que lubricado, la introdujo primero poco a poco y sentí como se erizaba todo el vello del cuerpo, mis piernas empezaron a temblar de placer, nunca había sentido nada parecido. Me introdujo todo lo que quedaba de una sola vez y me hizo gritar de placer, desde ese momento supe que sería el mejor sexo que tendría en toda mi vida. Se puso a follarme con mayor intensidad, y me encantaba mirar entre su cuerpo y el mío como esa polla me estaba follando, el contraste entre una polla negra y un coño blanco.

Mientras me follaba me mordía los pechos y eso me ponía más cachonda si cabía. Se detuvo un segundo y me dio la vuelta para poder introducírmela mejor, me encantaba la idea de ser dominada por él, antes habíamos jugado como yo quería ahora era su turno, me introdujo sin ninguna clase de preparación su polla en mi culo y sentí quisiera, nunca me habían tratado como si fuese una zorra, pero me encantaba. Me la metió una última vez, mientras tanto seguía masturbándome y metiéndome los dedos, movía el culo más rápido para sentirla bien dentro. Cuando empezó a correrse lo pude hacer yo también. La sacó de mi culo y se corrió encima de mi cara. Ummmmmm que bueno estaba aquello, todo lo que pude recoger claro, todo lo demás se quedó en mi rostro. ¿Contento?

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