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Me está arreglando para la cena, poniéndome bonita, maquillándome, ropa linda, me encanta hacerlo, no tengo vida social por lo que estos momentos los aprovecho, fin de año, navidad, algún cumpleaños de algún familiar, y debo admitir que lo he hecho sin tener algún motivo, solo por que me gusta.
Medias, falda corta, ropa interior bonita, y entonces llegó un flash a mi mente, calor en mi cuerpo, me sonroje, una oleada de lujuria, morbo me llegó de improviso, me sorprendí, me estaba arreglando porque venía a cenar el amigo de mi padre y si, también llegó la culpa, aunque después recordé que fue mi madre la que me dijo que me arreglara, seguramente con el visto bueno de mi padre o incluso a petición suya. Así que seguí haciéndolo con ese toque de travesura/morbo que no podía sacarme de la cabeza.
Ya lista bajé para esperar su llegada, toco el timbre, mi padre abrió mientras mi madre y yo esperábamos cerca de la puerta para recibirlo, mi madre también arreglada, aunque en ella parecía algo más natural. Él, Cesar me notó, hacía años que no me veía. Pasó a la sala, se sentó, mi padre le ofreció una bebida, pronto cenaríamos, solo faltaba mi hermano que había salido. Los cuatro nos sentamos en la sala, con nuestras bebidas, yo ron con cola, el un whiskey y entre ellos empezaron a conversar.
Suena el teléfono, era mi hermano que había chocado el auto, nada importante, pequeña abolladura en la salpicadura, empezaba a manejar, de las pocas veces que le prestaban el auto. Mi padre y madre corrieron a su auxilio, y con eso me refiero a esperar a los ajustadores de los seguros, no querían dejarlo solo. Se disculparon con César, le insistieron que se quedará, él se ofreció a acompañarlos pero se negaron y se fueron apresuradamente.
Y ahí estábamos, Cesar y yo en la sala con nuestras bebidas. Uno frente al otro, minifalda negra, medias negras y mis zapatillas altas y de nueva cuenta esa oleada de lujuria llegó sorpresivamente. El empezó a hacerme la plática, por mi hermano, mi escuela, cosas banales, luego si tenía novio, le dijo que no, y claro pregunto por que siendo yo tan bonita, primer piropo, le dije que porque todos me parecían inmaduros…
César: —Inmaduros… ¿como te gustaria que fueran? Dime la verdad, sin filtro.
Yo (riendo nerviosa, mirando mi vaso): —No sé… alguien que sepa lo que quiere, supongo. Que no tenga miedo de decirlo. Que me mire y yo sienta que… realmente me está viendo.
César (bajando un poco la voz, mirándome fijo): —Créeme que te estoy viendo. Y no soy el único que se ha dado cuenta de lo que creciste.
Yo (sonrojada): —No digas eso… me da vergüenza.
César: —¿Vergüenza? creo que te gusta escucharlo Porque se te nota en la cara cuando te lo digo.
Yo (mirando hacia otro lado, pero sonriendo apenas): —Un poco de las dos cosas, creo.
César: —Pues no te avergüences. Una mujer como tú merece que le digan exactamente lo hermosa que es… y lo peligrosa que se ve con esa falda.
Mis piernas empezaron a moverse cadenciosamente, no se si el noto mi nerviosísimo, pero me pidió que me sentara a su lado. Yo no noté algo raro en su petición, la verdad es que es que al estar tan lejos si se sentía algo incómodo. Me senté a su lado, él cambió un poco de posición hacia un costado para hablarme más directamente.
“Los ajustadores de seguro a veces tardan horas en llegar y más en discutir con el otro seguro”, eso significaba una cosa, estaríamos solos por mucho tiempo.
César (mirando mi pierna que roza apenas la suya): —Sabes… me cuesta trabajo concentrarme en la conversación cuando estás así de cerca.
Yo (sonriendo, pero con el corazón latiendo al maximo): —¿Así cómo?
César: —Así. Con esas medias, esa falda que apenas te cubre… y esa forma de mirarme como si supieras exactamente lo que estás provocando.
Yo (bajito, casi susurrando): —No estoy provocando nada…
César (sonriendo de lado, apoyando el brazo en el respaldo detrás de mí): —Mentirosa. Las dos sabemos que sí. Y también sabemos que a ti te está gustando que me dé cuenta.
Yo (mirando sus labios un segundo de más): —Tal vez… un poco.
César (acercándose más): —¿Solo un poco? Porque yo llevo toda la noche imaginando.
Yo : —Y que imaginas?…
Y entonces pasó, fue tan orgánico que no se quien lo inició y nos besamos, sus labios en los míos, a pesar de la,diferencia de edades se sentía tan bien, su mano en mi cintura para después posarla en mi rodilla y la empezó a subir lentamente por mi pierna acariciando la y metiéndola bajo mi falda, el beso subía de intensidad, un poco de lengua, acariciaba mi entrepierna y ahí lo detuve, no se la quité, solo lo,detuve y dejé mi mano sobre la de él, y él seguía acariciándome lentamente donde la media terminaba y empezaba mi muslo desnudo. Me estaba derritiendo, mis pezones se erectaron, se ponían sensibles, mi vagina se humedecía, se sentía tan bien, su lengua jugaba con la mía dentro de mi boca. Descuide mi mano, deje de poner la presión inicial y con un movimiento maestro de su parte, saltó de mi entrepierna a mi ropa interior, su pulgar estaba en mi clítoris acariciándolo en pequeños círculos, despacio, no me dio tiempo de reaccionar, cuando lo hice puse mi mano sobre la de el, pero no lo detuve, simplemente la puse sobre ella, acompañando su movimiento.
El orgasmo se acercaba, pequeños gemidos salían de mi boca y lo detuve con mi mano “espera” le dije, “que pasa?” me preguntó, “me vas hacer venir” le respondí avergonzada, “y que tiene de malo? Solo tenlo” me dijo cariñosamente, y su pulgar retomo el movimiento, lo deje, era inevitable lo que vendría y empecé a gemir, no podía seguir con el beso, él fue a mi cuello a besarlo y un enorme orgasmo me invadió, el se detuvo, me abrazó y me dio besos y caricias tiernas. Era la primera vez que tenía un orgasmo con alguien, fue increíble.
Por el rabillo del ojo vi que el bajo el pantalón tenía un paquete claramente hinchado, y tras un par de minutos de pausa volvimos a retomar el beso, esta vez ya deshinibida mi mano fue a su pierna y fui subiendo hasta su paquete y empecé a acariciarlo por encima de su pantalón, era tan excitante, no podía creer lo que estaba haciendo. Quería regresarle el favor y hacerlo venirse. En eso se escuchan llegar el auto, por lo que yo me pare apresuradamente intente acomodarme la ropa, el hizo lo propio y me fui a la puerta para recibirlos, mientras él se fue al comedor a sentarse, así no verían su tremenda erección que tenía bajo la ropa.
Nos sentamos todos a cenar, le ayudé a mi madre a servir bajo la mirada atenta de Cesar. Cenamos y él se despidió de nosotros. Aun no creo lo que pasó y qué hubiera pasado si hubiéramos tenido más tiempo.
No tengo su teléfono, él tiene el número de la línea fija de la casa, no se si me hablara o no, ojala lo haga.
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