Me llamo Alejandro y vivía con mi hermano aquí en la capital, porque había
venido a estudiar a la Universidad.
No me considero un chico muy atractivo, pero digamos que tengo lo mío: 1.80
m, delgado pero bien marcado por el gimnasio, ojos verdes, pelo castaño
claro. Digamos que nunca había tenido problemas en conseguir chicas.
Estuve de novio en el pueblo que vivía a los 17 años, pero siempre tuve
fantasías con chicos. No se, a veces me sorprendía a mi mismo en el
vestuario después de un partido de fútbol con mis amigos, observándolos en
ropa interior y tratando de imaginar como serían esos bultos que
sobresalían en sus entrepiernas.

Bueno, la cuestión es que era un día caluroso de febrero y fui a la casa de
un compañero de facultad a preparar un final.
Como yo estaba de vacaciones, y por el calor, vestía solamente una bermuda,
una remera y unas ojotas.
Al llegar, subo al cuarto piso, toco el timbre y espero que me abra. Tardó
bastante, pero valió la pena: me recibió vistiendo solamente un
pantaloncito de fútbol (debía ser viejo porque le quedaba cortito y medio
apretado).

– Por fin, estoy muerto de calor! – le dije.
El me miró con cara sorprendida y se corrió para dejarme entrar.

– Que pasa, por que me miras así?

– Es que me debes confundir con Ariel, mi hermano.
Yo soy Joaquín, vienes a estudiar con el, no?
Me quedé de una pieza. Yo sabía que Ariel tenía hermanos, pero nunca me
imaginé que eran gemelos.
El muchacho que me abrió la puerta era exactamente como el, 1,75 m de
altura, rubio, ojos celestes, bronceado y con muy buen cuerpo.
En realidad, yo iba a preparar el examen con el solamente para poder verlo
y tener una oportunidad para estar solos. Ya en la facultad me había tirado
varias indirectas con respecto a este tema, y yo me lancé a ver que pasaba.
Imagínense mi sorpresa cuando veo que el chico que me gusta tiene un doble
igual a el.

– Pasa, está terminando de ducharse. Puedes esperarlo en el cuarto. Quieres
tomar algo?

– Una coca estaría bien, gracias.

– Ahora te la llevo.
Me fui al cuarto, dejé la mochila y me sente en la cama tratando de
asimilar mi sorpresa. Joaquín entró en seguida con la lata de coca y se
quedóa a charlar conmigo, mientras su hermano terminaba de bañarse.

– Así que eres el mejor amigo de mi hermano?

– Eh? Ah, si. Nos llevamos muy bien. Ya es el segundo año que estamos
juntos en la universidad y nos va muy bien.
En eso se abre la puerta y entra Ariel que ya había salido del baño, con
una toalla en la cintura.

– Hola! – se acercó y me dio un beso. – Así que conociste a mi hermano
Joaquín.

– Si, es…. igual a ti. – No sabía que decir.

– Bueno, los dejo solos – dijo Joaquin con una sonrisita cómplice a su
hermano, y se fue.

– Te molesta si me quedo así, con la toalla nada más? Hace mucho calor y la
verdad que estoy muy cómodo.

– No, para nada. Al contrario, me gusta más verte así. (decidí tirarme a la
pileta, porque vi como venía la situación).

– Bueno, gracias. Si quieres puedes ponerte cómodo tu tambien.

– Ok. Me saqué la remera y dejé las ojotas.
Así quedamos el solamente con la toalla (que ya dejaba ver una leve
protuberancia) y yo con la bermuda.
Me arrodillé delante de el y le saqué la toalla de un tirón. Su pene salio
apuntando hacia mi en una terrible erección. Tendría unos 20 cm y bastante
ancho. Los huevos colgaban majestuosos debajo de esa verga, en una mata de
pelos rubios. La sola visión de ese miembro me hizo estremecer y tomándolo
con una mano me lo lleve a la boca . Primero jugué un poquito con mi lengua
en su glande, y cuando no pude más, me lo introduje todo en la boca. Empecé
a mamarla con suavidad, y cada tanto lo deslizaba bien profundo en mi boca.
Por momentos estaba toda en mi boca, hasta la base, mientras acariciaba sus
huevos y jugaba con mis dedos en su cola.
Ariel dejaba escapar algunos suspiros por mi mamada y me empujaba la cabeza
hasta hacerme atragantar con su pija.
Después nos acostamos en la cama, yo encima de el y nos deleitamos con buen
69. Yo podía sentir su lengua jugando con los alrededores de mi ano, hasta
que comenzó a penetrarme con ella. Con sus manos separaba mis nalgas y
metía su lengua haciéndome gritar de placer. Yo seguía devorando su pene y
cada tanto dando un lengüetazo a sus testículos.
Estábamos en lo mejor de eso, cuando se abre la puerta de improviso y entra
Joaquín.
Yo me sobresalté y quise salir de encima de Ariel, pero este me tranquilizó
didiéndome: – No te preocupes, está todo bien. El se nos va a unir…
Yo me imaginaba algo así, pero una cosa es pensarlo y otra hacerlo. No
podía creer que me iba a disfrutar a estos dos hermosos machos, uno un
calco del otro.
Ni lerdo ni perezoso, Joaquín se quitó el pantaloncito que tan bien le
quedaba. No llevaba ropa interior, así que su verga apuntó hacia mi
directamente. Era idéntica a la de su hermano: venosa, larga, gruesa, con
un glande rosadito, muy estética.
Se acomodó delante mío y mientras su hermano segía mojándome el culo,
comencé a chupar la de él.
No podía sentir mayor placer. Dos pijas para mi solo.
Cambiamos de posición, y vi que Ariel sacaba de uno de los cajones unos
preservativos. Ahora viene lo bueno pensé.
Me coloqué en cuatro patas, ofreciéndole mi posterior, mientras seguía
tirándole la goma a Joaquín.
Ariel se colocó el preservativo. Su verga estaba durísima, parecía un
bloque de hierro. La untó con un poco de lubricante y me puso otro poco a
mí. Jugó un poquito con sus dedos en mi culo antes como para que me fuera
dilatando, mientras me decía al oído: tranquilo, no te va a doler….
A esa altura quería que me penetrase con o sin dolor. Yo ya estaba tan
caliente que no me importaba ser clavado así.
Lentamente apoyó su cabeza en la entrada y fue jugando despacito hasta que
sin darnos cuenta la tenía toda adentro. Si, sus 20 cm enteros estaban
dentro de mí. Me estremecí y comencé a jadear y gemir de placer, mientras
Ariel arremetía con su pija.
Joaquín mientras tanto me cogía por la boca, empujando su verga hasta el
fondo de mi garganta.
Ariel me pidió si podía bar mi cuerpo, para quedar acostados directamente.
Le dije que si, y quedamos Joaquín acostado boca arriba, yo encima suyo y
su hermano encima mío penetrándome sin piedad.
Yo me besaba con Joaquín desesperadamente mientras sentía la verga de su
hermano que me llenaba todo.
Después de un rato de bombear, Ariel anuncia que está por acabar, yo estaba
al borde del orgasmo también. Me sentía rodeado por esos dos hermosos
machos.
Ariel sacó su verga y retirando rápidamente el forro se corrió en mi cola
copiosamente. Con solo sentir el semen caliente sobre mi cuerpo estallé yo
tambien en un orgasmo increíble.
Se ve que Ariel hacía mucho que no cogía porque descargo una cantidad
enorme de leche sobre mi culo, estaba todo bañado en un líquido calentito
que se derramaba por mi cola.
Ariel siguió pasandome su verga mojada de leche y no tan erecta ahora por
todo mi posterior, mientras yo seguía besándome con Joaquín, al que había
mojado con mi leche sobre sus genitales.

Descansamos un rato los tres abrazaditos sobre la cama. Yo estaba en el
medio de los dos, acariciándolos, cuando me percaté de que Joaquín no había
acabado. Podía sentir todavía su verga semierecta contra mi cuerpo.

– Hey, – dije – tu hermano todavía no descargó, creo que tenemos que hacer
algo.

– Cierto – dijo Ariel. Y acto seguido se arrodilló y comenzó a mamarle la
pija. Yo no lo podía creer. Me exitó de una manera increíble ver a esos dos
hermanos teniendo sexo. Joaquín empujaba la cabeza de su hermano haciéndole
tragar su pene entero. Yo me arrodillé junto a el y lo ayudé en la tarea.
Juntos le mamamos la verga mientras nuestras lenguas se entrecruzaban sobre
su glande.
Después nos turnábamos. Mientras yo le chupaba la pija, Ariel le lamía toda
la zona del ano hasta los huevos. Joaquín gemía de placer.

– Quiero penetrarte – le gritó a su hermano.

– Es toda tuya bebé – le respondió Ariel.
Joaquín se incorporó y poniendo a su hermano boca arriba, le levantó las
piernas y apoyo su cabeza en la entrada del culo.

– Despacito, no me hagas doler – susurró Ariel embriagado de placer.
Yo miraba la escena y me di cuenta que me había puesto al palo otra vez,
así que me acomodé a la altura de la cabeza de Ariel, dejándole mi pija al
alcance de su boca.
Joaquín penetró a su hermano suavemente y con mucho amor, mientras éste me
chupaba la pija.
Lo bombeó un rato largo hasta que pareció que se iba a correr.
Ariel gritó: sácala y acábanos en la boca.
Joaquín retiró rápidamente su verga del culo de su hermano y le descargó
toda su leche en la cara, los labios, la boca. En ese mismo instante me
corrí yo, inundándolo también a Ariel de semen.
Quedamos exhaustos los tres, acostados besándonos, sorbiendo de la boca de
Ariel todo el semen que podíamos.
Después me vestí y me fui para mi casa, pensando en la increíble
experiencia que había tenido con estos dos gemelos.
Por supuesto que el examen no lo aprobamos ninguno de los dos, pero tuvimos
la excusa para volver a juntarnos a "estudiar".
En esos encuentros la pasábamos de maravilla los tres, y nos turnábamos
para penetrarnos. Quedamos en que un día íbamos a probar que los dos me
penetraran a mí al mismo tiempo. Pero para eso todavía falta. Tengo que
lograr un poco de training no creen?

Autor: El rubio
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