Mi nombre es José, tengo 37 años, soy argentino, de Boca Jrs. para más datos, estoy casado con Ana, de 35 años, con quienes hemos tenido la inmensa suerte de ser padres de Julieta de 18 y Joaquín de 17. Somos una familia de clase media, vivimos en la ciudad de Mar del Plata y tanto mi mujer como yo somos profesionales. Como se ve, una familia común y corriente. Y de hecho lo somos, salvo por un incidente que tuve la enorme dicha de vivir hace unos días atrás y que me ha trastocado, ha cambiado no solo mi vida, también ha afectado mi manera de ver las cosas, la forma de relacionarme y sobre todo, mi rutina sexual.


Tener hijos en la edad de la adolescencia es algo no recomendable. En absoluto. Es una etapa en la que uno pasa de compartir algo con sus hijos a discutir por días respecto de temas en lo que, generalmente, piensan distinto a uno. Sumado a la fiesta de hormonas que tienen en sus cuerpos, la música de mierda que escuchan y los semejantes a ellos con los que suelen andar, el resultado no puede ser ni por asomo una relación pacifica con los que tenemos el nada sencillo trabajo de ser sus padres. El hecho de haber sido papás a muy corta edad, más allá de lo que les comentaba, también nos ha permitido ser compinches de July y de Joaco y, peleas de por medio, ellos también nos dejaron participar de todas sus cosas, en base a la confianza y al interés que siempre tuvimos por ellos. Así es como compartimos gracias a que ellos se sintieron seguros de contárnoslo, tanto la vez que July tuvo su primera menstruación, el primer beso de Joaco y cosas así. Posteriormente las salidas a bailar con amigas/os no tardaron en darse y todo se vivió con alegría en casa.

Nuestra hija es, por más que sea yo el padre, lo que digo es absolutamente cierto, una especie de ángel. Con sus 18 años es una hermosa mezcla de nena con mujer. La describiré para poderles acercar minimamente la belleza que ella posee. Mide 170mts, tiene ojos miel, castaña clara, una cintura muy chiquita, la cual si heredo de la mamá, Ana ha de haberla tenido antes de que nos conozcamos, ya que mi mujer es una hembra de caderas bien anchas, para poder agarrarla mejor ja ja ja. Sigo, una cola hecha con un cincel, pero nada exagerada, de esas colas que con un pantalón suelto no llaman la atención y con jeans ajustado se transforman en un culo con todas las letras y pechos que también se adaptan, es decir, si quiere los puede hacer pasar desapercibidos y sino, con algo escotado o ceñido, son una tentación para los ojos de primos, amigos, tíos, vecinos, etc. En base a la descripción que acabo de hacer de mi hija, pensaran que soy un degenerado que nunca le saco los ojos de encima, lo cual es cierto solo respecto de los últimos días, ya que antes a la noche que les paso a contar, no la había visto con otros ojos que los de un papá “normal”, más allá de haber sabido siempre que es una mujer muy hermosa.

Les decía lo de la otra noche. Como casi siempre, ella los viernes se junta con unos amigos y amigas y van a un pub a escuchar a algunos cantantes o bandas que cantan en vivo y a tomar unas cervezas. Entre ese grupo de amigos yo sabía que tenía onda con un chico bárbaro, Pedro, de la edad de ella, compañero del colegio, que juega al rugby y que tiene, mal que me pese, un físico privilegiado. Debe medir 180mts. fácil, además de tener una espalda más ancha que la mesa del comedor y si bien no tengo ninguna información precisa al respecto, debe tener una muy buena “herramienta”, porque en más de una oportunidad en reuniones que han hecho los chicos en mi casa, lo han cargado con ese tema. Por eso es que más me llama la atención que haya pasado conmigo lo que pasó con July porque sin ser un espanto ni mucho menos, no me parezco a Pedro más que en lo blanco del ojo. Yo mido 170mts, hace rato que abandoné el ejercicio físico, no conozco siquiera las reglas del rugby y si bien mi miembro es de dimensiones más que aceptables, ella no tenía forma de saberlo. En fin.

Ese viernes Joaco y July salieron juntos y con mi mujer nos quedamos viendo la televisión. Al rato de que se habían ido, después de cenar, con Ana nos pareció que estaría bueno echarnos un polvote, para aprovechar poder hacerlo sin tener que cuidar mucho las formas y gritar o insultarnos que a los dos nos gusta cuando cojemos, tranquilos. Y así lo hicimos. Esto lo cuento para descartar que yo esa noche, al volver Julieta estuviera caliente o falto de sexo. Es decir, que lo que hicimos fue producto más de lo que nos gusta, parece ser a toda la familia, el sexo, que por necesidad o cosa por el estilo. Después de habernos dado un buen polvo, Ana me dio un beso y se durmió. Aproveché para bajar al living a ver otro rato de TV, ya que no tenía sueño y sabía que daban alguna buena película esa noche. Al rato llegó Joaquín malhumorado ya que su novia no había podido salir con él, no se bien porqué motivo, así que se fue para su habitación puteando por lo bajo. Me imaginé que antes de dormir transformaría su enojo en otro tipo de calentura y le dedicaría una buena paja a Luly, su novia, que, entre paréntesis, pinta para estar buenísima de grande.

Serían como las tres y media o cuatro de la mañana cuando escuché que llegaba un auto a la puerta de la casa. Al instante entra Julieta. Como había apagado las luces, se asustó cuando me asomé sobre el sillón para saludarla. Fue un flash verla, parecía una modelo profesional. Tenía una minifalda suelta color rosa, botas al tono, una remera bien pegada al cuerpo verde oscura y una camperita del brazo. Era una postal. Pasado su susto me saludó y se fue a la cocina. Como no venía, al rato me paré para ir a ver si estaba bien. Yo duermo con una remera y un pantalón de pijama, y aunque siempre uso slips, esa noche, por haber haberme ido a lavar después de haber estado con Ana, no tenía nada debajo. Ella estaba de espaldas y al tocarle el hombro para ver si estaba todo bien, se volvió a sobresaltar. Me dijo que como no esperaba que estuviera nadie abajo al llegar, seguía asustada de haberse topado conmigo. Si bien me llamó la atención su estado, nada dije y tratando de tranquilizarla, le dije que la dejaba sola y que me iba al living de nuevo.

Al rato aparece, se sienta a mi lado y me pregunta de qué se trataba la película que miraba, pero la verdad es que no tenía idea de cual era la trama. Al decirle eso, giro y la veo más que sentada, apoyada sobre una de sus nalgas, tratando de no apoyar la otra en el sillón y poniendo todo el peso de su cuerpo sobre el brazo derecho.

- ¿Qué haces?- Le dije.

- Nada. ¿Por? – ¿Y para qué te pones así? – Ehhh. Nada, nada.
- ¿Estás bien? ¿Te pasa algo July? Pregunté extrañado no solo por su posición sino por su nerviosismo.
No me miraba a la cara por más que estábamos a centímetros uno al lado del otro. En eso, tomando aire y clavándome los ojos me dice: – Papá, no lo tomes a mal, pero estuve con Pedro. ¿Me entendés? – Si, se que salieron y que él también iba.

- No papá. Estuve con él, ¿entendés?- Resaltando el estuve.
Ahí me di cuenta de lo que me quería decir. Había tenido sexo con su novio. Si bien no es algo que me gustase como para que me lo dijeran a cada rato en la cara, yo suponía que ella tenía relaciones y sumado a que lo hacía con su novio, digerí la frase.

- Ok. Eso lo entiendo, ahora ¿qué tiene que ver eso con que no te sientes bien? ¿Me vas a decir que es un superdotado? Ja Ja Ja.- Bromee para salir del paso.

- Superdotado no sé, es el único con quien he estado, pero como no teníamos forros, él me pidió hacerlo por… ¿entendés? – ¿Por…
- Ay papá, ¡no te hagas el tonto! Vos entendés bien, mamá me contó lo que le hinchaste hasta que ella aceptó.

De buenas a primeras me enteraba no solo que me hija tiene sexo con su novio, sino que además, lo hace también por la cola y que mi mujer le contó que yo le había insistido a ella para que me diera su culo. La noche había cambiado rotundamente.

- Ok. Ok. Este es un buen momento para que me vaya a dormir.- No quería seguir enterándome de más nada.

- Pará. ¿Te puedo pedir un favor? Me da mucha vergüenza, pero la verdad es que estoy un poco asustada y no quiero despertar a mamá para preguntarle esto. Ahí me asusté. Nunca puedo responder en forma tranquila cuando veo que alguno de mis hijos les pasa algo malo.

- Es algo difícil. Prométeme que no me vas a cargar.-Al verle la cara de susto y dolor, sabía que la cosa venía en serio, así que prometí no hacer una de las bromas que siempre hago cuando estoy con ellos.

- Hoy fue la primera vez por “ahí” y me parece que me lastimó.- Me dijo.

- ¿Pero como que te lastimó? Lo hizo a la fuerza? ¿No te preparó bien antes? ¿Usaron algún lubricante?- Pregunté sin darme cuenta que estaba averiguando acerca de las características que había tenido la desfloración anal de mi propia hija.

- No, quedate tranquilo. El fue muy paciente, me cuidó mucho y usamos aceite para bebés. No es eso. Pero igual me duele. Vos… ¿podrías ver si está todo bien? – ¿Qué querés que haga? – Y papi, que me mires si no hay sangre. Yo siento una humedad y tengo miedo.

Juro que hasta ese momento no tenía otra cosa en la cabeza que la preocupación de saber si mi hija estaba bien. No se me cruzaba ningún pensamiento sexual ante el miedo de que estuviera lastimada. Por eso acepté. Ese era mi fin, cerciorarme que no había pasado nada grave con ella. Por eso le dije que se colocara sobre sus rodillas en los almohadones, apoyando sus brazos en el respaldo del sillón y que me fijaría que todo estuviera bien. Aún cuando ella se colocó en esa posición, de espaldas a mí, recostando su cabeza sobre los brazos que apoyaba en el respaldo, mi postura era la de un padre preocupado por la salud de su hija. Me coloqué detrás de July, la habitación seguía alumbrada solamente por la luz que desprendía la pantalla del TV al que le había puesto el “mute”, tomé con ambas manos los costados de su minifalda y despacio, como quien trata con algo que se rompe con solo mirarlo, fui subiendo la tela hasta que apareció ante mi su culo, el que solo era cubierto por una tanga que hacía rato que había abandonado la tarea de tratar de impedir perderse entre los cachetes de esa magnifica cola.

En ese instante todo cambió. Mi postura, mis intenciones, mi relación con ella y por sobre todo, el estado de reposo que hasta ahí tenía mi miembro. No se podía creer lo sexy que estaba ella con las piernas separadas, sacando lo más que podía su culo para afuera y así facilitarme la tarea, con esa tanguita metida bien profundo entre los firmes cachetes y respirando agitada, un poco por el susto y otro poco supongo porque la situación era de alto contenido sexual.

- Tengo que sacarte la tanga July.- Despacio a la vez que contemplaba ese monumento de mujer, le dije.

- No pa, por favor. Correme solamente la tirita y vas a poder ver bien.
Con un cuidado de cirujano, con la mano izquierda la tomé de la cintura y metí, casi a la altura del elástico superior, los dedos índice y largo de la derecha, entre su piel y la tira de atrás de la tanga. Así, bien despacio, los fui bajando milímetro a milímetro y al momento de llegar a la mayor curvatura que hacía su culito, doblé los dedos para apresar mejor la tela y haciendo un poquito de fuerza hacia la derecha, puse ante mis, a esa altura desorbitados ojos, el orificio del culo de mi hija. Un momento sublime. Un espectáculo indescriptible. Casi una visión mística.

Tenía ante mí a una adolescente en cuatro patas, sobre el sillón de mi casa, con una minifalda recogida sobre su espalda, y con la tanguita corrida dejándome ver en todo su esplendor la puerta de su magnifico ojete. No podía detenerme en el ahora insignificante hecho que esa mujer era mi hija. No se si habré estado contemplando por mucho tiempo ese espectáculo celestial o porque realmente estaba dolorida que me dijo: – ¿Y pa? ¿Estoy lastimada? – Dejáme que me acerque a verte bien.
Sin soltar ni su cintura ni la telita de su tanga me aproximé hasta que tuve a milímetros su agujerito. Y ahí, además de comprobar el delicioso olor que despedía su conchita, lo perfecto de sus formas y la firmeza de sus músculos, pude ver que era la humedad que ella sentía. No era sangre. Era la leche de su novio que le estaba empezando a salir. Además de cogérsela por el culo, le había llenado el ojete de leche y por lo que se veía, le había derramado litros, porque en virtud de la posición de ella y por el polvo monumental que le había dado Pedro, la leche corría desde la puerta de su culo, empezando a derramarse hacia abajo, acercándose peligrosamente a la concha de mi nena.
Observé eso que sabía bien que jamás en la vida, nunca más, iba a tener la oportunidad de contemplar, tratando de que se transformara en una postal mental que perdurara en mi memoria hasta el final de mis días y le hice saber a ella para que se tranquilizara, a la vez de que se fuera a higienizar, no fuera que se transformara en la primera en quedar embarazada después de que le habían hecho el culo.

- ¿En serio? Ay que vergüenza papá, disculpáme. Es que me aterró la idea de que me hubiera desgarrado o algo así.- Me dijo a la vez que se iba al baño.
Haciéndole saber que no había problema y mirándola como tratando de darle las gracias por haberme dejado vivir ese momento glorioso, me senté en el sillón para tratar de despejar mi retorcidos pensamientos, que me decían, me imploraban, casi me ordenaban que hiciera lo que fuese necesario para cogerme a esa mujer. Mi hija. Al volver ella del baño, no hizo más falta que contuviera mis sexuales impulsos.

Un abrazo y perdón si aburrí a alguien.

Autor: Ana mdq ana30_mdq@hotmail.com

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