La primera vez puede ser la iniciación del resto de tu vida, o simplemente una experiencia única que puedes no volver a repetir, la que ansiarás el resto de tus días.

Apenas tendría dieciséis años y tuve que vivir en una residencial para terminar el año escolar, en el extremo norte de mi país, lejos de mi familia que se había trasladado a la capital. Ahí estuve solo seis meses, la estancia era grata, estudiaba yo mi penúltimo año de enseñanza media antes de la universidad. Los días eran todos similares, me levantaba temprano, iba al colegio, volvía a almorzar y en las tardes salía, estudiaba en mi habitación, hacía deportes, etc. Una tarde me quedé estudiando en mi habitación, era día de mucho calor, así que andaba solo con mis calzoncillos. En eso golpeó mi puerta un joven que se encargaba del aseo en las habitaciones. Me contó que estaba aburrido, cansado y trasnochado por la juerga de la noche anterior. El chico tendría unos veintidós años, delgado, bien blanco, estatura mediana, pelo castaño, era bien parecido. Habíamos hecho amistad cuando nos encontrábamos en el día a día, me caía bien. Accedí a que descansara en mi habitación y así lo hizo, se recostó en la otra cama, luego me dijo que hacía mucho calor y procedió a quitarse la ropa y quedar solo en sus calzoncillos, igual que yo. Se tendió sobre la cama. Hasta ahí todo era normal, sin insinuaciones ni nada. Al rato estaba dormido. Igual lo miraba de reojo, traté de dormir pero no pude. Le miré mucho el paquete, sentía gran curiosidad, lo mismo hacía cuando me duchaba con compañeros en clases de educación física, aunque no manifesté inclinación hacia ellos, pero si les miraba sus penes y los comparaba más grandes que el mío. Incluso había un compañero en especial que se jactaba de su tamaño y en las clases de gimnasia se paseaba mostrándolo a todos, yo no puedo negar que siempre se lo miraba, flácido y largo, tan distinto al mío. Al cabo de una hora de dormir despertó y se sentó en la cama, su pene experimentaba una erección, notó que le miraba el paquete, en mi interior había gran curiosidad por verlo, me contó que era normal en él despertar así. Me preguntó si a mi me pasaba lo mismo, a lo que respondí que a veces. Siempre fui muy sexual en mi vida interior, vivía pensando en el sexo, mirando las piernas de mis compañeras, sus tetas, sus caderas, veía revistas pornográficas, etc. Me llamaba mucho la atención el sexo oral en las revistas, ver esos penes recorridos por lenguas húmedas me exitaba de gran manera. Con mi amigo nos entramamos en una conversación muy caliente acerca de nuestras experiencias y fantasías sexuales, nos reíamos, hasta que también sentí mucha calentura y comencé con una erección. El se dio cuenta de inmediato y nos seguimos riendo. El era flaco, buen cuerpo, poca vellosidad, bonitos dientes, ojos pardos. Yo también era flaco, blanco, poco velludo. No sentía atracción sexual hacia él, sino a la relación sexual misma, a hacer cosas sexuales escondidas, a tocarnos, a sentirnos. Ambos teníamos ganas de tener sexo, eso es evidente. No sé si por estrategia o no pero me manifestó gran curiosidad acerca de comparar el tamaño de nuestros penes así que decidimos sacarnos los calzoncillos y medirlos uno contra otro. Nos rozamos más de una vez, ahí sentí deseos de tenerlo en mis manos, al tocarlo con el mío su piel me atraía como una gran imán, pero igual me daba vergüenza tocárselo. El mío mide unos 15 cms. es rosado y con vello no muy abundante. Actualmente trato de mantenerlo con poca vellosidad. El de él era un poco mas largo, de igual grosor, rosado también, con poca vellosidad, bien blanco. A esas alturas me sentía realmente muy caliente, sabía que no era normal lo que hacíamos, pero me gustaba. Luego de comparar sus tamaños me defendí con que el mío era mas duro que el suyo, por lo que decidimos comprobarlo y así fue que nos tocamos mutuamente. Puse mi mano en el suyo y se lo sostuve un rato, luego con las dos manos, estaba con mucha temperatura. El me tomó el mío y lo apretaba también, lo sentía muy rico. En ese instante ya sabía que habíamos traspasado la línea de normalidad, por lo que preferí cerrar con llave la habitación y evitar hablar fuerte. Su pene era bien blanco, no dejaba de mirarlo, yo sabía que eso era contrario a la educación sexual recibida en mi familia tradicionalista, sin embargo cada vez me entusiasmaba mas la situación, además que tampoco había tenido relaciones con mujeres hasta ese momento. Su carácter era muy dulce, para nada agresivo, muy tímido, lo que me tranquilizaba. Me dijo que sería bueno masturbarnos, así lo hicimos, luego se le ocurrió que uno pajeara al otro y después vici versa, se lo tomé y noté lo caliente y duro que lo tenía, su piel era suavecita. Así nos entretuvimos un rato hasta que por tanta calentura me propuso que hiciéramos lo mismo pero con el pene entre las nalgas del otro, un rato cada uno. A esas alturas ya no aguantaba más y esa idea la encontré fenomenal. Yo muy desconfiado le dije que él se pusiera debajo mío al principio y que luego le tocaría su turno. Accedió y yo puse mi pene entre sus nalgas lo que incrementó más mi calentura. Yo gozaba tremendamente. Fueron algunos minutos, no tantos. Luego el se apuró y fue su turno, el se puso tras de mi, sentí su pene en mis nalgas, muy duro, muy viril, me estrechaba hacia él, sentía su pecho en mi espalda, me apretaba tremendamente, yo igual tiritaba por la situación, me daba mucho susto, sin embargo me dejé llevar y lo gocé a destajo. Sentirle tras mío me rizaba la piel. Su tiempo fue mayor, yo también me movía bajo él, sabía que le gustaba, por lo mismo lo hacía cadenciosamente. Me punteaba despacito como tratando de metérmelo. No satisfecho con la osadía me propuso probar penetrándome, lo que me asustó de veras, accedí siempre y cuando fuera reversible la situación. El aceptó y por sorteo era yo quien lo recibiera primero, lo único que deseaba desde hacía un rato, quería probarlo, sentirlo dentro mío y así ocurrió. Mi estómago se llenaba de adrenalina por lo que pronto había de ocurrir. A esas alturas me daba lo mismo si después me tocara o no el turno de penetrarlo a él, era tan rico tenerlo detrás mío, solo mi orgullo me hacía negociar. Me puse de guata y él se arrodilló detrás. Me pasó su lengua en mi culito, exquisita, hacía retorcerme, se sentía muy rico. Me pasó sus dedos con saliva en mi ano varias veces, los que al ingresarlos podía sentir toda su suavidad dentro mío. Hasta que tocó el momento de enfrentar su pene. El trance fue doloroso en un principio por lo que tuvo que disponer de más saliva y paciencia para mí, luego poco a poco logró entrar entero y pude sentirlo, al principio con dolor que se fue de a poco transformando en placer.

No puedo dejar de pensar que de veras fue una sensación extraña al principio, pero luego me fue gustando cada vez más, comprendí cuánto placer se siente. Le pedí que no se moviera por un rato, pues me dolía pero quería disfrutarlo. No quería que se saliera, su abdomen pegado a mi espalda me aseguraba que lo tenía dentro. Es extraño, tan caliente que estaba sin embargo teniendo su pene dentro mío mi erección cedió y dejó flácido mi pene, igual me sentía tanto o mas caliente que antes. Me moví suavemente tratando que llegara de a poco a su eyaculación. Lo sentía exquisito dentro mío, lo disfruté a concho, sus manos sostenían mi culo con urgencia, él gemía, yo me retorcía. Sus manos me tocaban mis piernas, mi espalda, mis nalgas, me besaba el cuello, su lengua me mojaba entero. Se puso a bombear mas ligero, pero al mismo tiempo fue súper delicado, ya no hubo movimientos bruscos, duró así bastante rato, unos veinte minutos hasta que pasados unos espasmos eyaculó dentro mío, pude sentir su líquido calientito que me invadía interiormente. Me dio un fuerte y largo apretón, se retorció. Se quedó inmóvil varios minutos, su pene dentro de mí se fue achicando hasta que salió. Terminamos ambos todos sudorosos. Me sentí tan deseado sabiendo, eso me calentaba muchísimo. Unos últimos tiritones y se bajó de mi. Descansamos un rato, me dolía bastante el culo, pero nos reímos y miramos con complicidad. Me paré de mi cama y le manoseé su pene para calentarlo nuevamente hasta que se le paró de nuevo. Luego él se puso de guata esperando mi penetración. Al ver sus nalgas exquisitas tuve una rápida erección y con harta saliva se lo metí de a poco. Con harto cuidado también, primero le metí mi lengua y le eché abundante saliva. Se sentía muy rico, a lo perrito, el paraba su cola y yo arrodillado detrás lo hacía mío, gemí, gocé, me acaloré, se lo sacaba hasta la punta y volvía a meterlo. Todo tan rico igual que cuando estaba tras mío y se lo sentía dentro. Así seguí hasta que eyaculé en su interior. Luego nos separamos y cada uno descansó en su cama.

Así fue esa tarde hasta que tuvo que partir. Nos despedimos como amigos y cómplices, prometiendo hacerlo nuevamente. Esa noche me quedé dormido recordando su pene, su leche en mi interior, lo rico que sería sentirlo en mi boca, lo rico que había sido la experiencia. También me sentí muy adolorido en mi trasero y con algo de temor que en el colegio fuera a notar que me habían culiado. No estaba para nada arrepentido, me gustó y se lo sentí muy rico. Me propuse que para la próxima trataría de chupárselo y hacerlo acabar en mi boca hasta tragarme su semen, no había nada mas rico que echar a volar mi imaginación en esas circunstancias, recordaba las revistas pornográficas que había visto y que tantas pajas me habían acompañado. Esos días fueron de puro pensar en sexo y nada de estudios. La calentura me llegaba a mil, veía sexo en todas partes.
Al día siguiente no llegó a trabajar, pero al subsiguiente nuevamente repetimos el juego. Esta vez en los preparativos se le ocurrió preguntarme que sí era capaz de besar su pene. Era lo que faltaba a nuestros contactos, pero no me atrevía a siquiera insinuarlo, no fuera a pensar que yo era homosexual o que me empezaba a gustar el pene, no podía demostrar que me había gustado tanto lo que habíamos hecho. La noche anterior rogaba por poder chupárselo y ahora se realizaba mi anhelo. Accedí siempre y cuando la cosa fuera repetida por él después. Yo me ofrecí a empezar primero así que me arrodillé frente a la cama donde estaba sentado y lo tomé entre mis manos y lentamente lo empecé a besar, en su cabecita, luego bajé con mi lengua por sus costados hasta el cogotito, langüeteaba su testículos, su olor no era muy agradable, pero la piel se sentía muy suavecita, luego lo introduje todo en mi boca y recorrí con mi lengua todo sus pliegues. Me di cuenta que es muy rico hacerlo, lo sentí súper agradable, trataba de tenerlo todo en mi boca, realmente me gustó. Su cabecita era exquisita, lo mas rico es bajo ella, el cogotito, pasar mi lengua por ahí me calentaba muchísimo, le echaba harta saliva, se ponía resbaloso, rico, muy rico. Así estuve largo rato, impidiendo que se fuera cortado, parando cuando se agitaba mucho. Lo hice igual que las revistas donde lo aprendí, disfruté mucho, estuve casi media hora mamando. Me di cuenta que ya no me importaba si él me lo haría después a mí, mi goce ya estaba logrado. De todas formas le tocó su turno y también me mandó una mamada exquisita, lo gocé tanto cuando se la chupaba como cuando me lo hacía, eso sí ninguno se fue cortado en ese momento. Al rato cumplimos nuevamente la fórmula de penetrarnos mutuamente un rato cada uno. El tenerlo en mi boca o sentir su penetración es lo que mas me fue gustando de todo lo que hicimos. Esta vez cada uno sabía cuán suave debía ser y cuanta saliva emplear. Al rato otra vez lo sentí dentro mío, tanto me gustó ser suyo, tanto gocé dándole placer, que me apretara con su manos en mis nalgas, sentir su pecho pesándome en mi espalda, sus manos me recorrían entero, me daba besos hasta la cintura, me lo sacaba, lo metía nuevamente, es tan rica la sensación cuando va entrando despacito hasta que topa. No quería que acabara nunca. Luego en mi turno adopté fácilmente la posición de macho y lo hice mío con mucho gusto, su culo era muy hermoso, su espalda exquisita, crucé mis manos hacia adelante y lo pajeaba mientras se lo metía, le tocaba sus testículos, mis manos lo recorrían, mi lengua le recorría su espalda. Muy rico de verdad. Obviamente cuando él me lo hacía nos demorábamos mucho mas que cuando lo penetraba yo, me daba cuenta que así era y me dejaba ser, lo disfrutaba, eran tantos años de calentura insatisfecha que tenía, que ahora no quería que se acabara.

Esta situación se repitió solo tres veces, cada vez con mas entusiasmo de mi parte y de él también, era puro sexo, nada mas, no habían besos en la boca, ni manifestaciones amorosas. Ahora pienso que si hubiesen existido probablemente las habría consentido, su lengua era generosa en mi espalda y mi culo, sus manos me abrazaban, no habría podido oponerme, pero en esa ocasión no se había dado y tampoco hacía tanta falta. Tampoco quería sentirme homosexual. En el tercer encuentro primero que todo nos duchamos y luego olorosos y húmedos nos enredámos en una grata y novedosa relación en que cada uno lograba el éxtasis y saboreaba el placer intensamente. Con sexo oral pero sin eyacular en la boca. Cada vez que me penetró me sentí mejor, me gustó relacionarme con este tipo, me calentaba mucho, cómo me manoseaba, cómo me lo metía, cómo me miraba cuando se lo chupaba, realmente me hacía sentir muy bien. Ese tiempo me llenó de erotismo y sexo.
Esto se inició fugazmente y así también terminó cuando tuve que viajar a la capital donde mis padres y dejar atrás mis inicios sexuales y el grato recuerdo de mis tardes con mi amigo, del que nunca mas supe, pero que hasta hoy lo sigo recordando, ya que ahora que tengo 40 años quisiera volver a sentir esas exquisitas sensaciones. Ahora estoy emparejado con una mujer que mucho quiero, pero no puede darme los mismos placeres, en mi mente sigue flotando la idea de mis inicios. No me siento homosexual, quizás bisexual, me he comprado algunos consoladores que he usado, pero no es ni parecido a un pene de verdad, me ha dolido usarlos, por otro lado me da temor pagar por sexo, todos son gente de mala vida, drogadicta, etc. Ansío la hora de conocer un chico con quien tener este tipo de relaciones y compartir de vez en cuando momentos tan especiales. No hallo las horas de tener nuevamente entre mis manos un pene, duro, hermoso, para besarlo largo rato y luego sentirlo dentro mío, suavemente, dulcemente, como aquella querida y recordada vez, dar placer infinito a mi cómplice, hacer todo lo que me pida, levantárselo cada vez que lo vea flácido, estimularlo con mi boca, mi lengua, tragarme su semen, ponerle mi culo a su disposición, pero que lo trate suavemente, con delicadeza, con mucha paciencia y dedicación de no causarme dolor. Me da miedo abordar alguien y confesarle mis intenciones, pero anhelo contar con una amigo con quien mantener una amistad y complicidad, para poder acostarnos de vez en cuando, dejando aflorar libremente sus deseos y poder disfrutar de su pene. Solo me interesa tener sexo libremente, hacer sexo oral por largo rato. También que me penetren, con delicadeza, con paciencia, hasta lograr convencerlo que puedo darle mucho manjar sexual. Hacerle sentir que estoy para satisfacer sus deseos y placeres. Puedo probar que en el sexo da lo mismo si un hombre lo hace con una mujer o con otro hombre, solo interesa la calidad e intensidad del placer.
Esa es mi historia, mi gran secreto. A pesar de tantos deseos debo confesar que no me siento homosexual, no me siento atraído a otro hombre, no me da placer verlos, esta anhelo es exclusivamente un deseo carnal, ya en la cama, no me interesa compartir otros momentos. No sé si a ustedes les pasa lo mismo. Es raro, me lo he preguntado muchas veces y siempre llego al mismo resultado.
Si quieres comentarlo me puedes escribir a mi correo [email protected]

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