2a Parte

Le pregunté si vivía por allí y me dijo que un departamento contiguo, que de hecho iba a recoger algunas cosas para la piscina, le preguné si la acompañaba y me respondió que sí, en ese momento estaba sorprendido de como había manejado la situación y aún más sorpredido de que ella accediera con tanta facilidad a mis palabras, he de confersa que ún no siendo un adefesió no soy guapo y suelo ser sujeto de desconfianza precisamente por frecuentar foros como este así que la seguí mientras platicabamos de autos, la chica en resumén era muy alivianada, estudiaba inenieria en la universidad de la ciudad y vivía con otra chica. Por fin llegamos a su departamento y me invitó a pasar, era igual de pequeño que el mió, una sala verde, un comedor con mesa de cristal, una televisón de 40 pulgadas de crital líquido y más allá del pasillo me supongo que su cuarto a dónde se fue a sacar lo que necesitaba, mientras yo seguía tratando de encontrar algo en esa sala que me revelara como la debía de tratar, finalmente regresó y pasó a mi lado para alcanzar la salida. No medí las consecuencias. ella pudo ser mi amiga y a la larga hasta mi novia pero decidí arriesgarme a perder todo, la tome del brazo y la acerque con fuerza a mi, busque sus labios en un mismo movimiento y una sensación como de algodón de azúcar húmedo me inundó los labios. Busqué apresarle el labio superior entre la parte interna de los mios acariciándolos más que apretándolos y mano se corrio por su breve cintura y el tiempo se volvió un concepto aún más abstracto que relativo, estuve así un milisegundo o infinidad de eones, pasaron todas las estaciónes y se creún un día de verano perpetuo. No resistió, al contrario pude sentir como su suave mano se movía por mi espalda. Nos separamos con miedo y ansia, acaricié su suave rostro con mi mano derecha mientras escrutaba sus profundos ojos en los que encontré una vitalidad desbordante y en algún resquicio una profunda tristeza, cerre los mios con miedo y ternura y volví a besarla, esta vez con más calma, reconociendo con mis labios la más minima comisura de su boca, reconociendo en su piel el legado máximo de la belleza palmaria.

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