Me aburría y punto.

Que vida más gris, por dios!!!.

Pero como de costumbre, soy demasiado cobarde para cambiar de vida. Me aterraba el que dirán.

Toda una vida con la misma pareja, sin emoción ni pasión. Es buena persona, si, pero tan normal… Nos vamos acercando a los 35 y ya me empezaba a hablar de niños… 15 años juntos. Como para no querer tenerlos, claro. Vivimos juntos desde hace 5 años, y convivimos como dos buenos amigos. Nunca discutimos, nunca follamos salvajemente, jamás hacemos algo imprevisible, ni una pequeña locura.

No es que yo sea una loca de las aventuras, en el fondo, también soy demasiado normal, estatura normal, cara normal, cuerpo normal, carácter apacible y previsible. ¿Y entonces por qué me corroía esa inquietud por dentro? Quizá sea normal, pero… mi sexualidad no es nada normal.

Desde joven el sexo ya me causaba una curiosidad muy grande… Un día hurgando en la sala me encontré en el fondo del armario unas cintas de video, y como estaba sola no me pude contener y miré haber que tenían. La metí en el vídeo, y de repente, 4 personas desnudas, enredadas y con ¿partes? del cuerpo en la boca, y unos gemidos terribles, me asusté y saqué a todo correr la cinta y la dejé en su sitio. Lo habría oído alguien? Mejor no volver a tocar…

A la noche, en mi cama y a oscuras, no pude dormir, esas imagenes me perseguían y me sentía inquieta, no paraba de dar vueltas en la cama, hasta que el pantalón de mi pijama se enredó en mi entrepierna, y sentí una sensación muy agradable. Presioné la costura un pelín más arriba, y MADRE MIA!!! Se me pusieron los ojos como platos. Eso sí, toda la noche, más inquieta todavía.
Aproveché al día siguiente que mis padres tenían reunión en el cole, y volví a sacar las cintas…

En el transcurso de los siguientes años, aprendí a masturbarme y me ví las pelis unas 800 veces, jejeje. Me masturbaba por lo menos 3 veces al día. Pero había algo que me faltaba… Había días que me tenía que masturbar dos veces seguidas porque seguía muy caliente. Fantaseaba con los hombres de las pelis, yo era la protagonista… Quería saber que se sentía con una buena polla dentro… A ellas se las veía gozar tanto…

En fín con las ganas me tendría que quedar. Vivo en una sociedad en que a las mujeres se nos tiene prohibido tener instintos sexuales. Había días que me sentía sucia por lo que hacía, y es que el sexo estaba muy mal visto. Puta, facilona. En seguida te colgaban el sanbenito, y tan solo por verte besarte con un chico.

Tuve un par de rolletes, pero me daba miedo pasar de simples besos, de dejarme llevar. Tenía que controlar la pasión, me asustaba lo que luego irían contando por ahí.

Asi que cuando conocí a Satur, tardé dos años en dejar que me robara la virginidad.

Todos los días me iba súper caliente y mojada a casa, con millones de ganas de mas.

Planeamos al dedillo un fin de semana súper romántico, en una casita rural, cena especial, velas, música romántica, bailamos, nos empezamos a besar. Poco a poco, nos acariciamos superficialmente, y así gradualmente hasta estar desnudos… ¿Y donde estaba ese tremendo pollón de las pelis? En mi imaginación, pero bueno, con el calentón que llevaba, creo que cualquier cosa me hubiera satisfecho. Yo estaba muy húmeda y la penetración fue fácil, y la perdida de nuestra virginidad también. Todo fue muy suave, yo quería fuerza y empuje. horas de placer. Duró, creo, 5 minutos. Pensé, bueno, es la inexperiencia. Nos abrazamos, para dormir bien juntitos, se quedó frito enseguida y yo me hice 2 pajas seguidas…

10 años después, sigo masturbándome después de hacer el amor. Nunca he conocido un orgasmo con él. Le da miedo experimentar. Después de muchos años de confianza, empezé a meter juegos entre nosotros. Pero siempre era muy extraño. Yo vestida con un conjunto de ropa interior, más de matahari que de lolita.. y él tan dulce como siempre.

Y no me podía quejar, porque realmente es una persona muy buena y atenta, pero el sexo…

Asi que un día que fuí a la ciudad. Con mucha vergüenza, entré en un sex-shop, no sabía muy bien que buscaba, bueno, sí, grande.
El chico del mostrador, debió de verme dudosa (mas bien iba escondiendome de la gente entre los estantes). Se acercó a prestarme su ayuda, consejo. Roja no, era de color fosforito.

Empecé a balbucear, tartamudear, era para una amiga…

En fin, me miró con esa cara de ¿te crees que me he caído de un pino? Como que no veo cosas aquí extrañas…

Me llevó hacia una vitrina, y me sacó varios modelos. Diferentes texturas, tamaños, con vibrador, sin vibrador. Me explicaba y me decía precios, muy profesional, como si estuviese escogiendo un perfume, vamos.

Asi que me empecé a relajar. Cogí varios, los observé, probé el vibrador, en fin, eligiendo mi perfume. Tenía un montón para elegir, y aún así, me dijo de repente..
– Bueno, tengo otro – y con una sonrisilla añadió- es para mujeres exigentes.

Se estiró, y del fondo de la vitrina sacó ¡¡¡UN PEDAZO DE POLLÓN!! No es que sería mucho mas largo que los demás, pero tenía un grosor… Y en vez de ser liso, como el resto, tenía muchas venas gruesas talladas, y el capullo muy marcado.

– Toma, cógelo, verás que textura, es duro, pero a la vez flexible. Podrás jugar con él en diferentes posturas, porque se adapta bien, y las venas que tiene talladas, no hacen daño, sino que te masajean las paredes.

Lo cogí con ambas manos, si hubiese estado un pelín mas caliente, pareceria de verdad. Lo acaricié entre mis manos. Joe, ya estamos, noté que la humedad ya me estaba empapando el tanga. Levanté la mirada, y el dependiente me miraba fijamente, ufff!!!

Parecía que estaba deseando que fuera la suya la que estuviese en mis manos. Asi que sin poder evitarlo, y para mi sorpresa, me puse más cachonda todavía. Me temblaban un poco las manos, no podía dejar de acariciar el consolador, y tampoco apartar los ojos de ese desconocido. Nunca me habían mirado con tanto fuergo.

Miré hacia abajo, oh! error! mi mirada voló a su entrepierna, a su muy abultada entrepierna.
Se acercó más, puso sus manos sobre las mias, con suavidad.
– ¿Ves? aquí tiene el interruptor para la vibración, y la puedes regular, mas suave, mucho mas fuerte.
Acariciaba el consolador y mis manos a la vez, su piel ardía, o quizá era la mía , no lo sé.
Necesitaba tocarme, desesperadamente, y, Satur, madre mia. ¿Cómo le puedo estar haciendo esto? Fué como un jarro de agua, bueno, templada. Tenía que romper ese momento, no sabía cómo.
– Yo.. creo.. en fin, creo que es un poco grande para mi. Quizás algo más pequeño, para empezar…
´- Ven – me agarró del codo y me llevó al fondo de la tienda, un poco bruscamente – Ahí hay un baño, entra y pruébalo. Adelante. Y si ves que te hace daño, coges otro mas pequeño, aunque no lo creo… jejej
Casi me empujó dentro del water, no me dió tiempo a pensar. Y allí estaba yo, en un lavabo de un sex-shop con un pedazo de pollón en la mano. Pero, ¿cómo iba a probarlo alli, sabiendo que se está imaginando lo que hago? quizá hasta se escuche, la puerta no parece muy gruesa que digamos.
Joder, y todo eso encima, me esta poniendo más caliente, como si no llevara de antes. Y de repente, me dije, que puñetas!! no le voy a volver a ver en mi vida, una locurilla, y después vuelta a la vida gris. A ocultar pasiones.

Agarré el consolador y puse en marcha el vibrador, y sin pensármelo más, empecé a rozar mi clítoris con la punta, por encima del tanga. Lo presionaba y movía de arriba a abajo, y el roce y la vibración me hicieron correrme en 2 min. Sentía como me resbalaba la humedad por el principio de las piernas. Me quité el tanga rápidamente, y con los últimos espasmos, introduje la cabeza en mi coño. Poco a poco, para ir adaptándome a su tamaño, y no lastimarme. Pero que bien entraba!!! Casi sin esfuerzo, me lo introduje hasta el fondo. Joder como me llenaba. Empecé un mete y saca, aumentando el ritmo poco a poco, No podía parar de gemir. Me daba igual ya si me oía alguien o no, nunca había sentido tanto placer. Empecé a tener un orgasmo, mientras seguía embistiendome con rudeza, no podía parar, tenía un orgasmo tras otro. Creo que grité. Estuve 10 min. corriendome. Poco a poco fuí bajando el ritmo. Me saqué el pollón y me senté en la taza del water, me temblaban las piernas, no me tenía en pié. Como pude, me serené. Me lavé la cara con agua fría, y decidí guardar el tanga en el bolso, estaba empapado.
Cuando abrí la puerta, el dependiente estaba muy cerca, me entró entonces una vergüenza terrible.
– Creo que te lo llevas, no?
– si…
Nos acercamos al mostrador. Y mientras sacaba la cartera, vi como sacaba otro sin abrir y me lo envolvía.
– Pero, yo… lo e usado y…
Me puso un dedo en los labios para acallarme.
– Un recuerdo
Pagué a toda prisa, sin mirarle a la cara. Cogí el paquete y me fuí pitando. Al llegar a la puerta, sin embargo, un resorte en mí me hizo dar la vuelta, y le ví allí de pie, lamiendo mis flujos del consolador,con cara de lujuria y de placer. Un diablillo entonces, se apoderó de mí. El me había relagalado una aventura y yo le quise hacer otro regalo. Saqué mi tanga del bolso y se lo dejé allí, encima de un estante.
– Otro recuerdo.
Me hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y me giré.
Y con una sonrisa salí de allí. Curiosamente, ni me sentí sucia, ni como una puta. Me sentí, por una vez, una mujer deseada.
Hoy han pasado tal vez 2 años de aquello. Y no se por qué me vuelve aquel recuerdo con insistencia.
Estoy inquieta, quizá deba volver a la ciudad…

Escrito por Noemi Marco

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