I. Placer animal
“Rita Fuentes” quiere experimentar el sexo con animales desde hace tiempo, aunque sus deseos aumentaron cuando fue aceptada en un grupo cerrado de Facebook- con más de mil 700 usuarios- donde comparten relatos, fotos y videos pornográficos.

Aunque no es un grupo muy activo, en ocasiones publican mensajes en los que solicitan “porno zoo”. Así, personajes como “Rita” contactan con zoofílicos como “Hugo”, Jair” y “Juan”.

“Hugo” es el menor de los tres. Con apenas 24 años de edad, fue el primero en contactar a “Rita” por chat. Le hizo preguntas sugerentes, le mandó videos masturbándose y fotos de su perro negro criollo lamiéndose los genitales; animal del que abusa sexualmente desde hace algunos meses.

Para “Hugo” no ha sido fácil tener relaciones sexuales con su mascota pues sus hermanas pasan la mayor parte del tiempo en su casa de la delegación Gustavo A. Madero, y los encuentros han tenido que practicarse, a escondidas, durante la madrugada.

“Hugo” siente placer al acariciar la zona genital de su perro e incluso al ser penetrado por la criatura.

“Jair” ha expresado su interés por acostarse con “Rita”, incluso por verla mientras tiene sexo con algún animal. Fue por eso que el hombre le ofreció insistentemente a su perro pitbull para practicar sexo oral o penetración.

“Es muy dócil, él sabe que hacer. Además yo estaré ahí para controlar la situación”, escribió “Jair” en uno de los mensajes que envió a “Rita”.

Según el perfil de Facebook de “Jair”, es un hombre de 30 años, trabaja en un taller mecánico cerca de Tláhuac y en sus anécdotas cuenta que su perro ha estado sexualmente con dos de sus amigas. La primera vez con una vecina con la que hizo un trío, y en una segunda ocasión donde la mujer quiso ser penetrada mientras era observada.

A “Jair” no le importa que su perro sea visto como un objeto para satisfacer los placeres sexuales de sus parejas.

Semanas atrás, “Rita” aceptó tener relaciones con el pitbull cerca de la casa de “Jair”, por lo que quedaron de verse en las inmediaciones del Metro Ermita, frente a un hotel de paso sobre la Calzada de Tlalpan. Ella nunca llegó a la cita y “Jair” dejó de escribir.

Este grupo de Facebook no es sólo para capitalinos, se trata de un espacio para que personas de todos los rincones de la república intercambien material sexual con animales, y en alguna oportunidad puedan organizar alguna fiesta para satisfacer su placer animal.

En este espacio fue donde “Rita” conoció a “Juan”, un hombre de cuarenta y tantos años, originario de Tijuana que después de demostrar su excitación por el sexo bestialista, confesó estar casado.

En los pocos mensajes de voz que “Juan” ha mandado a “Rita”-junto con varios videos de él masturbándose-, se le escucha que está a punto de llegar al climax, contando con placer el gusto que siente por satisfacer a su perro.

Cómo “Juan”, hay decenas de hombres interesados en contactar a “Rita” para tener relaciones zoofílicas. Cada día ella es más popular en el grupo de Facebook.

No debe de faltar mucho para que la inviten a su primera fiesta sexual con animales.

II. Zoosbook: la red bestialista

El contacto que “Rita” tuvo con la zoofilia mexicana no se limitó a grupos de Facebook en los que la interacción se reduce a “minutos de calentura” y unas fotografías para masturbarse frente a la computadora.

Después de semanas de publicaciones con libidinosas invitaciones como “necesito un compañero de juegos” o “hagamos una fiesta”, “Rita” conoció Zoosbook, una red social bestialista en la que usuarios de todo el mundo comparten material agresivo.

Se trata de un espacio con fotografías y videos de mujeres haciendo sexo oral a perros, hombres siendo penetrados violentamente por caballos o bueyes, publicaciones de parejas swingers e interesados en hacer fiestas animales. También muestran los moretones, resultado de una penetración animal “mal cuidada”.

Así como se exhibe el material pornográfico, los perfiles en Zoosbook muestran a personas en ropa interior sonriendo a la cámara, algunos acompañados de sus parejas o incluso haciendo felaciones a penes de animales de gran tamaño como caballos.

Sin embargo, “Rita” decidió sólo mostrar la imagen de su rostro: una mujer latina de 36 años, de cabello negro y senos prominentes que casi salen de su blusa. Y en la imagen de portada, una caricatura japonesa de un pulpo enredándose en las piernas de una voluptuosa rubia a punto de llegar al orgasmo.

Sin una descripción básica o datos de contacto, “Rita” consiguió en menos de un día a más de 50 amigos que le envían relatos, la invitan a citas y le presentan a sus mascotas: perros que lucen maltratados, con la mirada agachada, los ojos llenos de terror y sumisos ante sus amos.

“Rita” quedó sorprendida pues nunca imaginó encontrarse a una comunidad tan activa que desconoce que en 16 estados de la República se prohíben las relaciones sexuales con animales.

Mientras “Rita” observa hombres y mujeres en diferentes posiciones sexuales siendo lamidos, penetrados y masturbados, no puede evitar cuestionarse sobre la procedencia de los animales que aparecen ante la cámara.

No imaginaba que la mayoría de ellos son recogidos de manos de personas bien intencionadas, activistas y cientos de albergues de animales en el país que sin saberlo, entregan a los criaturas a fiestas zoofílicas.