Que chico en su edad de la adolescencia se ha resistido a el encanto de verle los chones a una chica, quien no ha visto unos de alguna compañera, amiga, o inclusive, su sobrina…

Mi afición a esto comenzó un día de clases en tercero de secundaria, un profesor tardó en llegar a su clase, por a nuestro grupo le fue permitido salir al patio, lo chavos se dispersaron en la cafetería y en las canchas, mientras mis tres amigos y yo nos quedamos sentado en el piso, a la sombra del laboratorio, eran ya las 12:30 y el calor comenzaba a sentirse muy fuerte, el verano fue de los más calidos que recuerdo. De repente un grupo de compañeras se fueron a sentar en una banquetita de apenas 20 centímetros de alto justo enfrente de nosotros, cosa que nos puso mas calientes, pues casi todas dejaban ver por algunas partes de sus faldas sus lindos calzones, azules, rojos rositas, blancos y hasta de corazoncitos vimos mis amigos y yo con mucha atención, y calentura, ellas nunca se dieron cuenta del espectáculo privado que nos estaban dando, pues no había nadie por allí a esas horas, así que disfrutamos del show por casi 15 minutos hasta que terminó la hora. Suficiente para que los tres termináramos mojados pero con un placer que no nos quitaba nadie, ellas, solo se levantaron y se fueron, ¡pero que espectáculo!.

A partir de ese día no podía quitarme de la cabeza a aquellas compañeras que nos ofrecieron un bonito regalo de despedida. Terminó el ciclo escolar, pero no el recuerdo de ese día. El siguiente año, en la prepa, todo era diferente, no había uniformes ni nada que esperar de las compañeras, nadie me llamaba la atención si no tenía una falda, era una obsesión por faldas escolares lo que me sucedió. Fue en ese año cuando a mi hermana, la cual como es profesora, y se había encargado de llevar con ella a mis sobrinos Lucero y Fernando a la escuela, le dieron un puesto en otra escuela, y puesto que a mi sobrina solo le faltaba un año para terminar su primaria, la quiso dejar en la escuela del pueblo. Siempre llegaba por ella a tiempo, excepto los viernes, porque tenía que quedarse hasta las dos, entonces le dijo a mi sobrina que se fuera a nuestra casa. En mi casa, solo estaban mi madre y yo, por lo que me encargaron pasar por mi Lucero todos los viernes, ella tenía ya 11 y en un par de meses los 12. Nunca me había fijado en ella pero desde entonces, comenzó a desarrollarse de una forma espléndida, tenía unas piernas blancas y firmes, y sus curvas comenzaron a tornearse muy bien. Se veía muy linda con su cabello suelto, su suéter rojo abotonado y desde entonces mas entallado que antes, y su falda arriba de las rodillas, y al agacharse para amarrarse las agujetas o subirse las calcetas, dejaba ver sus perfectos muslitos, buen formados. Lo mejor de todo era que nos llevábamos bien, pues solo era 4 años y 7 meses menor que yo. Un viernes llegamos y no estaba mi mamá, salió a comprar unas cosas y tardaría mas o menos una hora, por lo que yo me sentí mas a gusto, y comencé a imaginar miles de cosas sucias con Lucero, pero era algo pronto, y no sabía como reaccionaría si le hiciera algo indebido, por lo que mejor no hice nada. Ella se sentó en la alfombra a ver la televisión, de vez en cuando abría y cerraba las piernas, lo que me hizo ponerme cachondo, se quitó los zapatos y eso me dio una idea, le dije que sus pies olían mal (cosa que no era cierta porque ella es muy limpia) y que le aventaría sus zapatos a la azotea, yo sabía lo mucho que le encantaba trepar por todas partes, así que sin pensarlo más salí corriendo y los arrojé a la azotea. La escalera estaba ahí, lista para ser escalada, pero no por mi, sino por ella. Así que ella algo molesta, pero ingenua a mi calenturienta idea salio y se trepó sin pensarlo mas, yo ya estaba abajo, listo para levantar mi vista en cuanto fuera oportuno y verle esos calzoncitos bajo su faldita que me estaban matando, y así fue, en el quinto escalón dejó verse esos glúteos lindo y firmes, subiendo sin mas ni mas por la escalera, yo estaba súper mojado, pero continué observando con mucha atención, y ella no parecía importarle lo que yo viera. Ella permaneció unos minutos en la azotea, así que decidí subir, y no me dijo nada fuera de lo normal, solo hablamos un poco. Hasta que llagó mi mamá y nos tuvimos que bajar, yo lo tenía planeado y bajé primero, después Lucero, que sin titubear bajo los escalones como si nada, y nuevamente me dejó ver todo lo que quería ver debajo de su falda. Yo estaba tan caliente que me encerré en el baño y no faltó mucho para que arrojara todo.

Después de ese día, varios viernes mas repetí con Lucero la misma situación, a ella parecía no importarle que le viera los calzoncitos cada que subía a la escalera, por lo que hasta me las ingenie para tomarle un par de fotos. Uno de esos viernes llegó tan cansada que se quedó dormida en la alfombra al ver la televisión, mi madre no estaba por lo que solo entré a mi recamara para sustraer mi cámara y sin pensarlo mas me le acerque para alzarle la faldita y tomarle unas fotos a su rico culito bajo sus pantaletitas rosas, y pensé que podría bajárseles, pero sería muy arriesgado por lo que solo me conformé con acercarme a oler su aroma tan cachondo y excitante y acariciarle su culito. Ella nunca se dio cuenta. Y así pasó todo el año, y llegó el día en que entró a la secundaria y ella aún mas bella que nunca, se veía muy bien, mas aún porque el uniforme rojo le quedaba muy bien con su piel blanca y sus formas tan bien delineadas. Aun llevaba la falda arriba de la rodilla cosa que me agradaba mucho, aunque solo la podía ver cuando iba a su casa o cuando pasaba por su escuela y la acompañaba una que otra vez a su casa. Una de esas ocasiones me presentó a unas compañeras, las cuales me miraban muy emocionadas, pues no me consideraron un chavo bastante maduro para ellas cosa que les agradaba, además de que me dijeron que era bastante simpático, eso fue algo que me halagó, pues no tenía muchas admiradoras en la secundaria y sin embargo con ellas había sido un modelo de chico. Lucero se notaba bastante enfadada conmigo, me dijo que era un loco y que me aventaba a cualquier chica, cosa que no comprendí porque nunca había salido con una chica de forma formal, y realmente creo que se enfadó, mas bien dicho se puso celosa. A la siguiente semana me dijo que una de sus amigas le dijo que me quería ver, porque según ella le había caído bien, quería salir conmigo dijo Lucero, pero me lo dijo de muy mala gana, por lo que le pregunté que por que estaba tan molesta, dio vuelta y me dijo, por nada tonto. Bueno pensé, le han de haber hecho algo en la escuela. En fin llegó el día y su amiga y yo nos vimos, ella estaba mas niña, pero era muy bonita y su figura también estaba muy bien proporcionada. Salimos pero como era muy tímida no pasó nada fuera de lo normal por lo que acordamos vernos otro día. En la semana siguiente me preguntó Lucero que tal me había ido con ella, bien, le contesté, sin mucho afán de hablar de ello. Me preguntó si me había gustado Karina, (así se llamaba su amiga), le contesté –es linda- pero dejé en claro que no quería hablar del tema. Ella sonrió y me dijo que bien. No hablamos mas de ello y Karina y yo nos vimos otras tantas veces, pero nada serio sucedió. No quería salir con ella por temor a que después me criticaran por salir con una chica tan pequeña, bueno parecía mas pequeña de lo normal, eso era todo.

Era obvio que me causaba mas excitación Lucero. Los días pasaron y fue una noche cuando Lucero llegó a casa y nos dijo que no había nadie en la suya, por lo que quiso esperar a su familia aquí. Era un viernes, y le dije que me acompañara a hacer unas compras al centro comercial, ella acepto, un poco con temor a que la regañaran sus padres. Así que salimos, pero noté que cuando pasaba una chica a mi lado y me le quedaba viendo Lucero se enfadaba mucho, -creo que estás celosa- le dije, -para nada- me contestó con algo de coraje, yo le sonreí y ella me dio una nalgada que mas que nada me pareció como caricia. Llegamos a la casa tarde, como a las 9 pm. y les llamó a sus padres para decirles que vinieran por ella, pero ellos aún no llegaban. Estaban en casa mi otra hermana con mi cuñado, los cuales se iban a quedar porque al otro día saldrían a la capital por la mañana, con mi madre y mis dos hermanas para visitar unos museos. Momentos después llamó mi cuñado para avisar que se iban a quedar en un hospital porque a Fernando le había dado una infección y lo tuvieron que internar unos días, dejó dicho que Lucero se quedara en casa y que al día siguiente la lleváramos a su casa para que se cambiara y fuera a ver a su hermano. Entonces Lucero se quedaría en casa una noche, pero como no había mas que tres habitaciones con tres camas una individual y dos matrimoniales, mi hermana y su esposo se quedarían en la de mamá (papá había fallecido hace tiempo) mi madre en mi cuarto con mi cama individual, y mis dos hermanas en su cuarto como siempre. Así que estaba de suerte, porque me dijeron que nos quedáramos Lucero y yo en la sala, con en el sofá cama donde podían caber dos personas, pero era obvio que yo ocuparía el sillón normal para cederle el sofá cama a mi sobrinita. -¡súper!- pensé Lucero aún traía el uniforme de la escuela, mis hermanas no tenían ropa para darle porque no le quedaba, y decidió dormir así Lucero. Yo tenía tiempo que no tenía tan de cerca y tan indefensa a Lucero, además me causaba excitación el saber que iba a dormirse y que traía su uniforme con su faldita corta. Por lo que antes de dormir entré a mi cuarto por mi cámara (afortunadamente siempre tengo rollos extras). Y bueno no tardó mucho en quedar dormida y a mi merced. Como a la una de la mañana me levanté sigiloso para tratar de capturar una foto de sus nalgitas, me acerque a ella, le quité la manta que la cubría y solo bastó eso para verle el calzoncito pues su falda estaba completamente enredada en la manta. Creí morir de la emoción cuando comencé a tomar las fotos. Ella estaba mas dormida que un tronco, por lo que no se dio cuenta lo que hacía. Su figura era completamente diferente a como estaba en sexto grado, sus curvitas perfectamente en orden, su busto firme y sobre todo esas nalgitas tan ricas que tenía me mataban de excitación. Tomé cerca de 6 fotos y como mi pene se encontraba muy mojado pues me disponía ir al baño, la cubrí de nuevo, apague la luz y me iba a ir al baño cuando abrió los ojos y me dijo –tengo frío, ¿porque no te acuestas conmigo?- -en un momento- le dije -solo voy al baño, no tardo- entonces fui corriendo al baño porque no me aguantaba mas la calentura y arrojé todo. Cuando ella entró y me vió semidesnudo y con las manos en el miembro y me dijo –¿te estás masturbando?- no, no le contesté, pero ella ce acercó sin titubear y me dijo –nunca había visto una así- yo creí que se asustaría pero parece que le dio placer el verme amarrándome mi cosa mojada. Entonces se llevó una mano a su falda, la levantó y por debajo del calzón comenzó a tocarse con desesperación. Yo no sabía que hacer, pero ella tomó la iniciativa y con la otra mano me toco el pene, y lo comenzó a mover también. Le dije que porque hacia eso, y no me contestó solo me dijo –vamos a la cama- entonces salimos y nos acostamos, ella se bajó el calzón y me lo bajó a mi también, yo estaba muy nervioso, nunca me imaginé que a Lucero le gustara eso, pero ella como maestra comenzó a besarme por todos lados, inclusive me puso la mano en su rajita y me agarró con ambas manos mi pene y se lo llevó a la boca. Me dijo –¡anda! ¿apoco no te gusto?- y cuando intenté meter mi dedo completamente en su vagina me detuvo y me dijo –No solo por encima, aun no quiero perder mi virginidad- entonces me llevó la mano a su ano y me dijo –por acá si todo lo que quieras- y en poco tiempo estábamos en un éxtasis tremendo, yo me corrí una vez en su boca y después me pidió que se la metiera por atrás, así lo hice y media hora después me corrí en su culito. Lo mas gracioso era que nos aguantábamos los quejidos porque teníamos miedo a que nos oyeran. Fue una noche increíble, no sabía que ella supiera hacerlo tan bien. Pero nunca le pregunté por que sabía hacerlo o quien le había enseñado. Total que esa noche terminamos agotados y nunca me sentí tan excitado y satisfecho. Después no volvió a pasar nada porque rara era la vez en que iban a casa o que se quedaba sola conmigo sin embargo en los dos años siguientes no pasó otra vez, fue como si la noche aquella la hubiéramos olvidado. Y las veces que nos encontrábamos eran como antes, un saludo de beso y una despedida rápida. Pasó el tiempo y ya en tercero de secundaria mi sobrina llegó rápido a casa porque de nuevo sus padres habían salido lejos y regresarían por ella mas tarde. Mi madre oportunamente también había salido cosa que ni a mi ni a ella nos desagradó. Fue entonces cuando me dijo que le ensañara mi colección de discos que tengo en mi ropero con llave, ahí guardo muchas cosas como revistas, libretas, y entre ellas las fotos que le tomé a ella por debajo su falda hacía tiempo. Fue cuando le abrí el ropero y comenzó por revisar algunas libretas, había olvidado que las fotos las tenía encima en una libreta, porque las veía constantemente y llegue a masturbarme con ellas muchas veces. De repente abrió mi libreta y cayeron todas las fotos al suelo. Yo me puse muy nervioso, creí que se enojaría y se las llevaría, o no se, pero me apeno que las viera, sin embargo ella no hizo eso, las vió un momento y me dijo sonriendo, -¿te gusta tanto tomarme estas fotos verdad?- yo no tenía mas que ocultar, por lo que moví la cabeza afirmativamente. Entonces ella se quitó los zapatos y me preguntó -¿no los vas a subir a la azotea?- recordé que antes lo hacía, y en seguida los agarré y los aventé arriba, no comprendía aún que pretendía hacer, pero sabía que mi iba a gustar. Llegue hasta ella y le dije -ve pues por tus zapatos- y ella tomó mi mano y salió, me dijo –espera abajo- comenzó a trepar por aquella escalera y a unos cuantos escalones se dejó ver su rajadita pues se había quitado el calzón, cosa que me excitó muchísimo, y me preguntó que si no quería tocársela, entonces y sin pensarlo ni un segundo subí y pasé mi mano por debajo de su falda para tocar aquella tan maravillosa vagina, y me dijo –te la regalo, es tuya las veces que quieras, si me das una probadita de tu gran verga- entonces, la cargué y la bajé para llevarla a mi cuarto donde alocadamente comenzamos a jugar el juego.

Solo que esta vez no había nadie, por lo que cada vez que le pasaba mi cosa por su vagina gemía como loca, nos besamos y acariciamos todo el cuerpo, yo estaba completamente desnudo pero le pedía a ella que no se quitara nada, excepto su calzón, claro que le desabotone la blusa y la toqué sus tetas y por todas partes le besaba el cuello, las orejas y su vagina, ella solo daba gemidos de éxtasis, después me dijo, -¡bueno ya, ahora si, métemela hasta dentro!- le pregunté que si no importaba que le quitara su virginidad y ella dijo que no se la iba a quitar yo porque ella ya lo había hecho sola, me confesó que un día en el baño dejó de ser virgen, por lo que me decidí a introducírsela con mas confianza, primero dio muchos gritos de dolor, pero después no me dejaba sacarla, me succionaba como si fuera una experta, y gemía tanto que me hacía que me excitara mas. Me preguntó si no me incomodaba su falda, pues estaba levantándole las piernas sin quitarle nada de ropa mas, le dije que no, probamos varias posiciones e intercambiamos fluidos, hasta que sentí que me corría y le dije que la iba a sacar para que no pasara nada, ella dijo que se la arrojara en la boca cosa que en pocos segundo hice. Probó mi leche y quedó completamente cansada y satisfecha en mi cama. Me dijo que descansáramos un rato y aprobé su decisión pero ella no dejó nunca de agarrarme mi verga que aún seguía bien parada y mojada, la acarició muchas veces en sus manos y de vez en cuando se la llevaba a los labios, mientras yo le tocaba su rajita y su coño y también lo probé varias veces. Después de un rato se repuso y me dijo, -ahora por atrás- cosa que me dio mucho miedo, porque sabía que dolería mas, pero sin mucho que hacer le dije que si, ella nunca se quitó la falda por lo que se acomodó parando el trasero y yo le levanté la faldita para metérselo, primero con mucha dificultad pero depuse de un rato de intentarlo lo logré, y comenzamos a menearnos como locos ella daba muchos gritos, y gemidos, yo hacía lo mismo porque me estaba doliendo mucho al principio, después no importó y en unos diez minutos le dije que ya me iba a volver a correr y me dijo, -¡por ahí si déjate ir!- y fue grandioso cuando le arrojé por segunda vez mi leche en su ano mojado. Terminamos bien cansados pero satisfechos. Después de ese día ella y yo cuando podemos lo hacemos ella sabe que me encanta y ella me confesó que si alguien quiere que la penetre, que sea yo. Prometimos no decir nada de esto y hasta ahora nadie sabe nada, y nadie sospecha, y cuando la veo y se me para si hay oportunidad me deja rozarle el trasero y ella me lo toca sin pedir permiso. Somos como amantes secretos.

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