Os voy a explicar cómo fue mi primera experiencia sexual, cuando yo tenía 18
años. Sucedió en el tren de cercanías que lleva a mi universidad y que iba
(y sigue yendo) normalmente a tope a primera hora de la mañana. Un día, se
estropeó el tren y tuvimos que esperar el siguiente, con lo que se juntó la
gente de los dos trenes. Íbamos apretados como sardinas, sin poder movernos
ni un centímetro. El trayecto dura 35 minutos y conforme iba parando en cada
estación cada vez íbamos más apretados. Yo me quedé aprisionada entre un
hombre de unos 45 años , un poco bajito pero bastante atractivo que estaba
detrás mío y una chica más o menos de mi edad. Al cabo de un rato noté unos
movimientos por detrás que acabaron por concretarse en una mano que se posó
sobre mi culo y que empezó a acariciármelo a través de la falda. Me giré
para ver quien era y aunque al girarme paró, no podía ser nadie más que el
hombre situado a mi espalda. Al volverme a girar, el prosiguió con sus
tocamientos. No era la primera vez que me sucedía algo así, pero en las
otras ocasiones me había podido escabullir. En ese momento era absolutamente
imposible. Me dio corte montar una escena ahí, pues yo era muy tímida, así
que le dejé hacer, pensando que tampoco tenía demasiada importancia que me
tocara el culo a través de la ropa.


Mientras, delante mío y de cara a mi tenía una chica muy guapa, alta como yo
y con unos pechos de un tamaño apreciable que quedaban justamente a la misma
altura que los míos. Al principio no me di ni cuenta, pero no se si por lo
toqueteos del hombre de detrás o porqué, pero empecé a notar gusto con el
roce de mis pechos con los suyos. Era verano y las dos llevábamos unos tops
ajustados y finitos, por lo que notaba perfectamente sus pechos. Conforme la
excitación fue subiendo, mis pezones se fueron poniendo tiesos, cosa que se
notaba a través del top. La otra chica se dio cuenta, pero lejos de intentar
girarse (cosa harto difícil por otra parte) aumentó más si cabe el roce,
exagerando un poco el balanceo natural del tren. Noté que a ella también se
le erizaban los pezones y me empecé a excitar.

Mientras, detrás, el hombre debía haber tomado mi pasividad por aceptación y
ya no se conformaba con tocar a través de la ropa y me había subido
ligeramente la faldita, acariciando mis piernas, mis muslos y más tarde mi
culo, éste por encima de las braguitas. Yo me volví a girar, no ya para que
parara, sino para comprobar que nadie se daba cuenta de lo que sucedía, pues
me hubiera dado mucha vergüenza que alguien se diera cuenta, pero comprobé
que nadie se percataba de lo que sucedía. Cuando él vio que yo no ponía
ninguna objeción, se lanzó todavía más, metiéndome la mano por debajo de las
braguitas y tocándome y acariciándome el culo. Yo no había tenido relaciones
sexuales con ningún chico. Había salido con algunos pero a lo máximo que
habían llegado era a acariciarme los pechos por encima de la ropa, así que
aquello me estaba excitando un montón.

Mientras, la chica delante mío seguía balanceándose exageradamente, frotando
sus pechos con los míos, pero sin atreverse a hacer nada más. Yo, aunque
estaba muy excitada, tampoco me atrevía a hacer nada. No nos atrevíamos a
mirarnos a la cara ya que del corte que nos daba nos mirábamos de reojo.
Nunca había sentido ninguna atracción por las chicas, pero lo cierto es que
aquel rozamiento con sus pechos, con sus pezones, unido a los tocamientos
por detrás me estaban calentando muchísimo.

El hombre fue deslizando su mano a mi entrepierna. Yo estaba muy excitada y
separé un poquito las piernas para facilitarle el acceso y él, como era más
bajito que yo, pudo llegar desde atrás a la parte de delante, empezando a
acariciarme con mucha suavidad y delicadeza, dándome un gusto enorme que yo
nunca había sentido. Esa fue la primera vez que alguien acarició mi sexo.
Siguió con las caricias un rato, notando yo que cada vez estaba más mojada.
Él al notar lo mojada que estaba se dio cuenta de que estaba realmente
excitada y que me estaba gustando lo que me hacía. Me fue metiendo un dedo
dentro, también con mucho cuidado, y fue alternándolo con caricias sobre el
clítoris. La chica de delante seguía poniéndome frenética con sus
frotamientos. El hombre fue aumentando el ritmo poco a poco y yo me fui
calentando más y más. Las sensaciones que experimentaba eran maravillosas,
hasta el punto que del placer que me daba casi se me doblaban las piernas.
Así siguió un rato hasta empezar a llegar al primer, intenso e inolvidable
orgasmo de mi vida. Él, al notar la contracción de mis músculos aumentó la
rapidez e intensidad de sus movimientos haciéndome tener un maravilloso y
prolongado orgasmo, que ocurrió un par de minutos antes de llegar al destino
del tren, teniendo yo que disimular para que nadie notara lo que me acababa
de suceder. Me dejó totalmente extasiada el placer que había sentido,
incomparable con nada que hubiera experimentado con anterioridad.

Al llegar a la estación la chica se fue por su lado, imagino que con una
calentura considerable pero sin atreverse a tomar ninguna iniciativa. Para
llegar a mi universidad tenía que pasar por unos caminos entre bosquecillos
y jardines que hay en el campus. Noté que el hombre me seguía, y en un
momento dado se acercó a mi y me dijo que lo acompañara, cogiéndome por el
hombro y llevándome por un camino que no era el que seguía todo el mundo y
que llevaba a un lugar apartado. En un primer instante tuve miedo, pues no
sabía que intenciones tendría. Al llegar a unos arbustos que tapaban el
lugar de cualquier mirada indiscreta, me preguntó si me lo había pasado
bien. Yo, casi sin atreverme a mirarle, le dije tímidamente que si. Él me
dijo que por qué no lo hacía disfrutar ahora a él, después de lo cual se
bajó la bragueta. Me dijo que se la acariciara. Dudé un instante, pero
sentía una sensación de agradecimiento hacia aquel hombre que me había
proporcionado aquel placer tan intenso y desconocido hasta entonces por mi y
pensé que no me podía negar y que era justo corresponderle. Algunas amigas
me habían explicado que lo habían hecho a sus novios y tenía curiosidad por
probarlo, así que metiendo la mano en su bragueta, saqué su polla que estaba
ya muy tiesa y cogiéndola con mi mano izquierda se la empecé a menear.

Como no lo debía hacer muy bien, el me agarró la mano y me enseñó como
hacerlo. Era una sensación muy agradable tener ese miembro de carne caliente
y tieso en mis manos. Mientras lo masturbaba él empezó a acariciarme los
pechos, primero por encima del top, más tarde introdujo su mano por dentro y
empezó a acariciarlos por encima de los sujetadores. Luego me los desabrochó
y empezó a acariciármelos directamente sobre la piel, cosa que nadie había
hecho antes, diciéndome que le encantaban lo grandes que lo tenía para lo
jovencita que era, pero que lo que más le gustaba era lo duros que los
tenía. Estos comentarios unidos a las caricias hicieron que me volviera a
excitar otra vez. La temperatura sexual fue aumentando en los dos, empezando
él a gemir, preguntándome entre gemidos si me gustaba, a lo que yo
contestaba, entre suspiros, que si, pues me estaba volviendo a poner súper
caliente. Fue la primera vez que comprobé lo que me excitaba que me tocaran
los pechos. Él, además, sabía como acariciarlos, con suavidad, deteniéndose
en lo pezones, cosa que hacía que me volviera loca. Yo me excité muchísimo,
cosa que el notó y debió calentarle más todavía. Viendo como estaba yo de
excitada me propuso hacer el amor. Yo a pesar de que estaba tan excitada
tenía miedo, pues aunque no era virgen (me había desvirgado accidentalmente
una vez con un tampax) me daba cosa meterme aquel pedazo de carne en mi
pequeño agujerito, pensando que me haría mucho daño. Le dije que prefería
que no, que no lo había hecho nunca, ante lo cual él no insistió, pero me
dijo si se lo quería hacer con la boca. Aunque también me daba un poco de
cosa, no supe negarme otra vez y me arrodillé delante de él para hacer la
primera mamada de mi vida, aunque no tenía ni idea de como hacerlo.

Él se dio cuenta y me fue dando instrucciones. Primero que la chupara, como
si fuera un helado, recorriendo la punta con la lengua. Tenía un sabor un
poco amargo, pero no era desagradable en absoluto. Después de estar un rato
así, me dijo que me la metiera entera en la boca, rodeándola con los labios,
y que la fuera recorriendo de arriba abajo. Sus gemidos eran continuados,
diciéndome que lo hacía muy bien, que no parara, aunque tengo mis dudas de
que realmente lo hiciera bien. Creo que lo que de verdad le excitaba era
saber que le estaba haciendo la primera mamada de mi vida. Era una sensación
muy gustosa el recorrerla con los labios y la lengua, pues era a la vez una
cosa suave y delicada pero que estaba totalmente tensa y parecía un volcán a
punto de estallar, que en efecto no tardó en estallar en el interior de mi
boca, sin que yo me lo esperara, tragándome una buena parte de su semen y
quedándome sorprendida de la cantidad de líquido que había salido.

Sin dejarme levantar, me tumbó en el suelo, levantándome la faldita
diciéndome que ahora quería hacerme disfrutar a mi y quitándome las
braguitas. No puse ninguna resistencia pues estaba muy caliente y sabía que
como él se había corrido, ya no me iba a follar. Pensé que me iba a hacer lo
mismo que en el tren y la verdad es que me apetecía que lo hiciera pues
quería volver a experimentar la sensación que noté con mi primer orgasmo y
desahogar la excitación que tenía en ese momento. Separé las piernas y ante
mi sorpresa el se lanzó a devorar mi rajita con su boca y lengua. El placer
que sentí fue todavía mayor que cuando me había acariciado con sus dedos.
¡Cómo movía la lengua! A ratos lenta, de arriba abajo, a ratos rápida,
deteniéndose en el clítoris, teniendo yo que morder mi top para no gritar de
puro placer. Mientras, me agarraba el culo con las dos manos, colocando mis
piernas sobre sus hombros para tener el acceso más fácil al interior de mi
sexo. Luego me acariciaba los pechos. No tardé nada en tener un nuevo
orgasmo. Imagino que al oír mis gemidos y gritos ahogados él debió de
volverse a excitar. El tener una jovencita de 18 añitos para él, totalmente
inexperta, que estaba descubriendo los secretos del placer con él, que
estaba completamente a su disposición y que además tenía un cuerpo
espléndido le debía volver absolutamente loco.

Estaba yo todavía disfrutando del primer orgasmo cuando noté que me estaba
empezando a meter su polla, que volvía a estar tiesa otra vez. Me dijo que
no me preocupara, que iría poco a poco y que ya vería como me gustaba.
Afortunadamente fue con mucho cuidado, metiéndome sólo la punta. Intenté
quejarme, pero los movimientos de la punta de su polla empezaron a darme tal
gusto que fui incapaz de emitir ningún sonido que no fuera un gemido de
placer. Viendo que yo no ponía ninguna objeción, sino todo lo contrario, me
la fue metiendo poco a poco, con mucha delicadeza, sintiendo yo a cada
centímetro que penetraba en mi interior un nuevo e intenso placer, hasta que
llegó a meterla por completo. Que sensación más extraña, increíble y
maravillosa cuando por fin la tuve toda dentro.

Me entregué por completo a él, rodeándole con los brazos, atrayéndolo hacia
mi y besándolo con pasión, juntando nuestras lenguas en un beso intenso y
sentido, con el que le demostraba mi entrega absoluta. Él empezó a moverse
con mucho cuidado. Yo lo abrazaba con todas mis fuerzas, sintiendo a cada
movimiento suyo una inmensa oleada de placer. Notaba su polla en todo mi
interior, me llenaba por completo y me daba un gusto increíble, nunca
sentido hasta entonces. Aunque visto con la perspectiva del tiempo creo que
aquel hombre se aprovecho de mi inexperiencia, tengo que agradecerle la
delicadeza con que me hizo el amor, no preocupándose únicamente de
satisfacer sus deseos, sino también de hacerme disfrutar en mi primera
experiencia. Yo me dejaba hacer, abriendo las piernas al máximo que podía
para sentirle más adentro. El se movía lentamente, haciendo que mi
excitación y nerviosismo aumentaran. Mientras, con la boca y lengua me
recorría los pechos, aumentando mi grado de excitación por momentos hasta
llegar a un extremo tal que no pude resistir más: le agarré con las dos
manos el culo y empecé a empujarle con fuerza hacia dentro. Él se debió
sorprender, pero le debió excitar mucho pues enseguida empezó a embestirme
con fuerza y rapidez, empezando yo enseguida a tener un orgasmo tras otro en
una sucesión maravillosa y que parecía no tener fin. Yo solo acertaba a
gemir tímidamente, pareciéndome increíble que pudiera sentir tanto placer.

No me podía creer lo que estaba haciendo. Yo que hasta ese momento no había
permitido a ningún chico con los que había salido que me tocara, había
tenido mi primer orgasmo, le había hecho una mamada a un hombre mayor
desconocido y ahora estaba disfrutando como una loca dejando que ese hombre
me follara, teniendo un orgasmo tras otro y deseando que no se acabara
nunca.

El debía estar disfrutando también, pues imagino que no debía haber tenido
muchas oportunidades de tener relaciones sexuales con un jovencita de 18
años y que además, aunque esté mal que lo diga yo, con un cuerpecito
perfectamente desarrollado que hacía que muchos chicos me fueran detrás. Por
si eso fuera poco, se añadía el morbo de saber que yo era virgen, que era el
primero en acariciar, besar y lamer esos pechos ya de un tamaño apreciable,
pero con la dureza y tersura de la juventud. Él estaba siendo el primero en
sentir el despertar de mi carne, en hacerme perder la cabeza hasta
entregarme por completo al placer que me proporcionaba un hombre, el primero
al que yo sentía dentro de mi y me hacía sentir como una mujer. Él se daba
cuenta de lo que yo estaba disfrutando e imagino que eso todavía le hacía
sentirse mejor.

Finalmente, el no pudo contenerse más y se corrió dentro de mi, sintiendo yo
como me inundaban sus cálidos fluidos y haciéndome llegar a mi enésimo
orgasmo. Afortunadamente yo tomaba pastillas para controlar la regla y no
hubo riesgo de quedarme embarazada. Al terminar, él se levantó y se vistió.
Sin decir ninguna palabra, me dio un beso muy cariñoso y se fue. Nunca lo he
vuelto a ver ni a saber de él. Si por casualidad leyera este relato, seguro
que se reconocería en él y recordaría aquella experiencia. Él tuvo el
privilegio de disfrutarme por primera vez y yo el de iniciarme con una
hombre que sabía lo que se hacía. Si me viera ahora, seguro que tendría
ganas de volver a repetir aquella experiencia, aunque quizás ahora sería yo
quien le hiciera algunas proposiciones…

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