Era una de esas tardes de sábado
sin plan en las que lo mejor es desconectar, relajar y dedicarse mucho
tiempo a una misma ( y mucho amor.)


Hacía ya algún tiempo
que no mantenía relaciones sexuales con nadie, y es en esas épocas
cuando mejor me lo suelo pasar sola, quizás porque estoy más
ansiosa, quizás porque tengo más tiempo para mí….la
verdad es que siempre me lo paso fantásticamente bien y es que masturbarme
para mí es todo un ritual, digamos una mini-fiesta erótica.

Estaba tumbada en el sofá
de mi casa, vivo en Madrid, en una buhardilla no muy céntrica pero
sí muy acogedora, la verdad es que el ambiente ya acompañaba,
era invierno pero la calefacción de mi edificio me permitía
estar en casa tan sólo con unas braguitas y una camiseta, la luz
era la justa, estaban poniendo una película en la tele, Kalifornia
creo que se llama, nada del otro mundo pero hubo un momento en el que nuestro
queridísimo agente Mullder se folla a una chica contra la pared
y los movimientos rítmicos de su pelvis me parecieron completamente
excitantes, y me di cuenta de ello porque inconscientemente estaba apretándome
los muslos para mitigar el cosquilleo que no podía evitar sentir
entre mis piernas.

Pues bien, fue ese el momento en
el que decidí que esa tarde me la iba a dedicar por completo a mí,
sólo de pensar lo que ya sabía que me iba a hacer mi excitación
crecía aún más, y sin dudarlo me dirigí al
baño y abrí el agua caliente de la bañera. Y aquí
os cuento mi ritual.

Cuando me masturbo me encanta hacerlo
en la bañera, entre agua , me pone sobre manera acariciarme el cuerpo
caliente y húmedo y si antes de hacerlo me fumo un porrito, las
sensaciones se multiplican por mil. Aquel día me lo había
fumado, por lo que estaba extremadamente sensitiva, el roce de cualquier
cosa sobre mi piel me estremecía por eso no esperé a que
la bañera se llenase para meterme dentro.

Yo que soy muy previsora, hice que
me pusiesen en casa una bañera de esas que son redondas y que tienen
una especie de banquito para sentarse, y cómo no, justo enfrente
un espejo enorme que en esos momentos me reflejaba a mí, allí
sentada, con las piernas abiertas, súper excitada. No es que me
encante mirarme al espejo, pero en esos momentos me resulta muy excitante.
Soy rubia, alta y bastante delgada, la verdad es que tengo cierto éxito
con los hombres y por qué no decirlo, también con las mujeres.
Tengo la piel blanca y el pecho bastante grande, y en aquellos momentos
entre mi excitación y el calor del baño, mis pezones rosados
iban adquiriendo un tono más oscuro./P>

Coloqué un pie sobre el borde
de la bañera y después de haberme puesto gel en mi mano derecha
la deslicé abierta desde mi culito hasta que mi palma se topó
con mi clítoris. Con dos dedos fui separando mis labios, los recorría
de arriba abajo y de la misma forma que aumentaba el número de movimientos
, aumentaba la presión con la que los ejercía.

Veía en el espejo cómo
mi entrepierna comenzaba a encenderse, estaba hinchada, sonrosada, y muy,
muy excitada. Mis pechos a pesar del calor estaban firmes, mis pezones
endurecían pidiendo atención, y mi mano, dispuesta a dársela
cogió fuertemente uno de mis pechos y dos dedos rodearon el pezón,
primero lo acariciaban, lo estrujaban y al final lo pellizcaban…mmh…me
encanta, me vuelvo loca cuando me toco las tetas, y más aún
si es delante de un espejo.

En ese momento, de lo que no se
puede prescindir es de la queridísima ducha. Yo creo que a la ducha
deberían declarársele dos usos oficiales, y si no que alguien
me diga que nunca se ha puesto la ducha entre las piernas buscando placer
sexual. A mí me encanta hacérmelo, y ese día por supuesto
no iba a ser menos. El agua salía completamente caliente, y mientras
que con una mano no dejaba de tocarme los pezones con la otra comencé
a pasear la ducha por todo mi cuerpo, muy cerca de él, la puse sobre
mi clítoris y comencé a moverla contra él haciendo
círculos, eso es una masturbación en toda regla, me levanté
y me puse contra la pared sin separar la ducha de donde tan acertadamente
estaba colocada, los azulejos de la pared estaban fríos y comencé
a rozar mis pezones contra ellos, ahora mismo estoy apretando las piernas
pensando en aquella sensación del agua caliente en mi clítoris
y el frío erizando mis pezones más aún de lo que ya
estaban. En esa situación de excitación total tomé
el bote de gel y lo apreté boca abajo sobre mis riñones,
entonces el chorro frío de crema comenzó a navegar entre
mis nalgas, le acompañaba mi mano, que con el dedo corazón
hábilmente aventajado llegó hasta la entrada de mi vagina,
estaba totalmente abierta, esperando algo, y no pude más que introducir
mi dedito…aah…comencé con movimientos lentos, pero duraron poco
porque mi excitación no podía hacerse esperar, mi agitación
hacía que mi mano se moviese rápidamente dentro de mí,
y de vez en cuando salía para acariciar con todos sus dedos, que
parecían una infinidad, todo mi sexo, desde mi clítoris hasta
mi ano, en el que se paraba con suavidad, aquello me excitaba, fue entonces
cuando introduje en él la puntita de un dedo, y mi excitación
crecía, mis pezones seguían duros rozándose contra
la pared fría, dejé la ducha y recorrí con la mano
liberada mis pechos, mi vientre, mi pubis, y acabé en mi vagina,
en la que introduje dos dedos y comencé a moverlos dentro de ella,
mientras que mi otra mano se afanaba en darle placer a mi culito, y de
qué manera lo estaba consiguiendo. Me entretuve así mucho
rato, de cuando en cuando me miraba al espejo y la imagen me parecía
completamente excitante, yo, desnuda, empapada, de pie, y con un gesto
en la cara que no hacía sino reflejar lo bien que me lo estaba pasando…mmh….aah,…
no puedo más, la estimulación de mis dos agujeritos y mis
pezones hace que mi vagina comience a abrirse y cerrarse, anunciando un
orgasmo, entonces me arrodillo y el agua de la bañera, que para
entonces ya estaba llena cubre mi cuerpo hasta la cintura, esa sensación
…mmh…me corro, mi respiración agitada y mis gemidos se entremezclan
con el ruido del chapoteo.

Ese fue mi primer orgasmo, y digo
primero porque en mis rituales de sexo, nunca vienen de uno en uno, de
eso me encargo yo, no hay prisa, y como yo misma me complazco no paro hasta
que no lo consigo o hasta que no me agoto.

No saqué la mano de mi vagina,
seguía ahí dentro haciendo movimientos circulares con mis
dedos, con la otra acariciaba mis tetas, pasaba mis pulgares por los pezones
y los pellizcaba, llegaba a besarlos, esa era una gran suerte para mí,
porque a mi lengua le encanta estirarse un poco para rozarlos con su puntita.
Me puse a cuatro patas en la bañera con los codos apoyados en el
banquito, pasé una mano por mi culito y la introduje entre las nalgas
hasta que alcancé en esa nueva postura mi vagina. Una vez más
comencé a introducir mis dedos dentro, pero esta vez eran tres,
entraban y salían al unísono provocando que mi cuerpo se
moviese adelante y atrás, movimiento que hacía que mis tetas
se golpeasen con el banquito de la bañera y creo que no tengo que
explicar cuáles eran mis sensaciones al notar como mis pezones chocaban
y se deslizaban sobre el mármol blanco. Veía mi culito en
el espejo, y mis dedos que desaparecían entre mi carne rosada oh,
dios mío, cómo me ponía aquello, no podía dejar
de gemir, necesitaba algo más… y lo tenía.

Salí de la bañera
y desnuda y empapada me dirigí a mí habitación, el
camino era corto. Cuando entré me senté en el borde de la
cama, no podía apartar la mano de mi clítoris, de vez en
cuando se deslizaba hacía abajo y hacía una entrada hacía
el interior de mi sexo un dedo, dos, tres…los movimientos eran lentos,
pero muy profundos. Estiré un brazo para abrir la puerta del armario
en el que sabía perfectamente lo que buscaba. La parte interior
de la puerta tenía un espejo enorme que una vez más me mostraba
a mí allí sentada, esta vez al borde de la cama y con la
mano frotando mi vagina enérgicamente, la calentura de los movimientos
me hizo poner uno de mis pies sobre el borde de la cama para que mi vagina
se abriese mucho mejor, los movimientos se aceleraban, apoyé una
mano sobre la cama y en esa misma postura mis caderas se levantaban y quedaban
en el aire, mi agujero se abría cada vez más, mi excitación
era cada vez mayor…aah…mmh, no me veía en el espejo porque mi
cabeza colgaba hacía atrás pero me ponía más
cachonda cuanto más me imaginaba cuál sería la imagen
que reflejaba , mis caderas al aire, un pie en el suelo y otro en la cama,
y mi culo y mi coñito en primer plano. Estaba gozando como pocas
veces, pero sabía que eso se podía mejorar, por eso volví
a estirar el brazo hacia el armario y de ahí saqué como decimos
todas ‘mi juguete favorito’.

Estaba a cien, y no sé si
sabréis en esos momentos cómo se agradece tener un consolador.
El mío era vibrador, de látex, una polla casi en toda regla,
sólo con tocarlo ya me estremecí, mis pezones demostraban
su alegría y mi vagina se lubricaba pensando en él, me coloqué
de rodillas encima de la cama y lo puse justo debajo de mí. Entonces
comencé a bajar y subir en movimientos primero lentos…mmh….
mientras me metía el consolador, con los dedos previamente humedecidos
por mi boca me sobaba el clítoris, los pezones, el culo… los movimientos
eran cada vez más rápidos.

Después de un buen baño
siempre viene una crema hidratante, y así lo hice. Tenía
al lado de la cama un bote de aceite y me lo unté por todo el cuerpo,
lo unté también en el consolador y entre mis manos y la polla
lo repartí por todos los rincones de mi piel, oh, dios mío,
cuando me tocaba con la punta del consolador totalmente resbaladizo sobre
mis pezones…ooh…sobre mi clítoris…mmh. La excitación
podía conmigo y me tumbé boca arriba sobre la cama, comencé
a introducirme una vez más aquella polla en mi vagina..aah, sí…
ya no podía parar, estaba terriblemente cachonda, el consolador
entraba y salía de mi vagina, y mis caderas se mantenían
en el aire de puro gusto, mi clítoris era estimulado sabiamente
por mi mano, no podía parar de gemir, mi vecino de al lado, un chico
estudiante, seguro que estaría haciéndose una paja pensando
en mí, me constaba que lo hacía. No podía más,
sabía que me iba a volver a correr y así sucedió,
movía mis caderas arriba y abajo y cerraba mis piernas aprisionando
entre ellas mi mano y el consolador….ah, sí…., no me importa
que me oigan, el estudiante ya está acostumbrado a mis escandalosos
orgasmos. Mis flujos se deslizaron entonces entre mis nalgas, cosa que
hizo aumentar más mi excitación, sabía que pronto
conseguiría otro orgasmo, así que lejos de sacar el consolador
de mi agujero me di la vuelta y a cuatro patas hundí mi cabeza en
la almohada y el consolador aún más en mi vagina, volvía
a ver mi culo en pompa en frente del espejo, pero esta vez era una polla
la que se perdía entre los carnosos labios de mi coñito,
estaban completamente hinchados y colorados, colorados porque yo no podía
más de gusto, los movimientos eran frenéticos…ah,ah…mi
mano se movía lo más rápido que podía, y yo
debido a mi situación no hacía más que chuparme los
pezones y lamerlos con la punta de la lengua que se movía también
muy rápidamente..oh, sí… me corro, me vuelvo a correr,
me incorporo y el consolador queda totalmente incrustado en mi vagina mientras
éste se convulsiona debido a mi tercer orgasmo, no paro de tocarme
las tetas mientras con movimientos rotatorios entierro mis caderas entre
el cobertor, y aún me excito más, porque el pelo de éste
comienza a hacerme cosquillas, oh, sí, sé que me volveré
a correr. Me tumbé boca arriba con los pies puestos sobre el cabecero
de mi cama, como si estuviese en el ginecólogo, y comencé
a pasarme el consolador por todo mi sexo, de arriba abajo, lentamente…
lo que daría por tener una lengua pegándome lametadas ahí
abajo, masturbándome, succionándome el clítoris, chupándome
los labios…hummm.

Vaya… fue entonces cuando sonó
el teléfono, era una clienta (soy abogado), yo que procuro en mi
trabajo tener muy cuidado eso de la atención al cliente, no pude
negarme y tuve que salir hacia su casa y ya os imagináis cómo
me fui…. súper caliente, porque a pesar de aquellos tres orgasmos
aquel día mi cuerpo necesitaba más…. y lo tuvo.

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