Mi nombre es Jorge, soy abogado y tengo 48 años. Hace 17 años que estoy casado con Marisa y tenemos una hija de 16 años. Tenemos buen pasar económico y hasta ahora nada interrumpe nuestra normalidad.

Junto a mi mejor amigo de la universidad, su nombre es Julio, manejamos nuestro propio estudio de abogados y somos muy exitosos.

Julio, tiene 50 años y desde que nos conocimos, en el primer año de la facultad, somos inseparables. Siempre estudiamos juntos, nos recibimos el mismo día y pusimos nuestro negocio los dos juntos. Nos casamos el mismo año y hasta vivimos en el mismo barrio cerrado en las afueras de Buenos Aires. Pero este año él se divorció, su esposa lo abandono por otro hombre y él se quedó solo, por lo que se deprimió.

Como su mejor amigo no podía dejar de ayudarlo, estaba con él casi todo el tiempo, todos los días lo invitaba a cenar a mi casa y lo invitaba a todo acontecimiento familiar que podía. Esto último no era problema alguno ya que toda mi familia lo conocía, pero además, era el padrino de mi hija, por lo que era uno más.

Una de mis ideas, para que mejore el ánimo fue hacer que me hija Matilda, lo visitara más seguido y le haga compañía. Como ella le tenía gran aprecio, no tuvo ningún inconveniente con mi propuesta, por lo que empezó a visitarlo todas las tardes después del colegio.

En el tiempo Julio mostraba mejor ánimo, siempre decía que gracias a Matilda, ahora se sentía mucho mejor y me lo agradecía todo el tiempo.

Una tarde decidí ir a la casa de mi amigo, ya que mi hijita estaba allí, para disfrutar con ellos el día. Entré a la casa por la puerta trasera y me dirigí hacia el living. Ni bien entré me quedé paralizado, pero reaccione a tiempo y me escondí detrás de la puerta. Mi amigo de toda la vida, mi mejor amigo Julio, el padrino de mi hija, estaba desnudo cogiéndose, con toda potencia a mi pequeña hija. Ella estaba acostada en la mesa boca arriba, mientras que él estaba parado bobeando con todo, mientras sostenía las piernas de mi hijita. Matilda gritaba de placer y pedía más, le decía que le encantaba y que era suya.

No podía creer lo que veía, estaba anonadado. Mi pequeña hijita estaba gosando con un hombre sumamente experimentado de 50 años. El contraste era enorme, Julio es un hombre de gran porte, mide más de 1,80 metros, musculoso pero panzón y lleno de vellos canosos en el cuerpo. Pero sin poder creer lo que veía, me di cuenta que me estaba excitando y pronto tenía mi verga como un garrote. Por más impresionante que resultaba la situación, no me generaba rechazo, Julio era la persona en que yo más confiaba y si a alguien le confiaría mis mujeres, era a él a quién se las confiara.

Sin hacerme notar, me quede observando y pronto me encontré con los pantalones bajos masturbándome muy excitado por lo que veía. Entonces, de repente, Julio levanto la vista y nuestras miradas se cruzaron. Él quedó paralizado, pero solo por un instante, ya que al ver que me estaba pajeando siguió bombeando a mi hija. Mientras la cogía me miraba haciendo gestos de placer y le daba más fuerte aún. Luego sacó su verga de la conchita de mi hijita e hizo que se la chupara, mientras él me seguía viendo. Pero no solo eso, le sujetaba la cabeza y se cogía su boca hasta el fondo, lo cual provocaba arcadas en Matilda, pero ella seguía chupando muy placentera. Después de un rato se detuvo y dijo:

– Bueno bebita, estas preparada para que te haga la colita? Hoy creo que es el día perfecto para que dejes de ser virgen del culito.-le dijo Julio a mi hija, pero cuando comento lo de perder la virginidad me miró y sonrió.

Mi hija asintió con la cabeza y ella misma se colocó en cuatro patas ofreciendo su culito, muy pequeño a mi amigo. Él empezó a lamer el ano, todavía virgen y luego comenzó a introducir sus dedos para dilatarlo. Esto último era muy necesario, ya que la verga de Julio, si bien de longitud no estaba mal, entre 18 y 19cm, se destacaba principalmente por su grosor descomunal, aproximadamente 8cm de diámetro. Una vez dilatado lo lubrico con vaselina con sus dedos. Luego se colocó de tal manera que me sea posible verlo penetrar el ano de mi hijita por primera vez.

Mi amigo agarró su pija, me hizo un gesto moviéndola como diciendo que no me pierda anda y se la apoyó en el ano a mi hija. Mostrándome cada detalle, la empezó a penetra de a poco. El ano estaba rígido al principio, se notaba el nerviosismo de Matilda, pero Julio trataba de tranquilizarla, aunque parecía en vano. Con casi la mitad de la verga de mi amigo dentro del pequeño recto de mi hija, ella no aguantó más el dolor y rompió en llanto. Se quejaba del dolor con gritos y le pedía a Julio que parara. Primero él le dijo que el dolor poco a poco pasaría, que él se iba quedar quieto hasta que pase, pero ella seguía muy dolorida y no paraba de llorar. Fue en ese momento que Julio me miró como con incertidumbre, él no sabía que hacer, no le quería hacer doler demasiado, pero al mismo tiempo sabía que si esperaba un rato más el ano sedería y relajaría para que el dolor se transforme en placer. Respondí de una manera que ni yo la esperaba, me acerque hacia ellos y me coloqué delante de ella con mi verga justo frente a su boca.

– No te preocupes hijita mía, acá está papá, todo va a estar muy bien. –les dije.

Ella lentamente levantó la vista y me miró con sus ojitos llenos de lágrimas.

– Me duele mucho.- me dijo llorisqueando.

– Acá está papá.- le repetí en voz baja, mientras le acariciaba su cabeza.

Ella me miró otra vez, se secó las lágrimas y comenzó a chuparme la pija cambiando totalmente su estado de ánimo. Pero además elevó su colita y relajó su ano por lo que Julio siguió penetrándola, ahora con menos resistencia. Luego su verga llegó hasta el tope, toda dentro de ella, por lo que de apoco Julio comenzó a bombear lentamente y luego más rápidamente. Entonces él me dijo:

– Jorge, quiero que veas esto.- me dijo señalando su verga penetrando el ano de mi hija.

Era una imagen impresionante, su verga de 8cm de diámetro se movía atravesando el esfínter anal que se acoplaba a la forma del enorme tamaño de carne de mi amigo. Entonces Julio sacó totalmente su verga y me mostró como lo que estaba cerradito, ahora era un gran hueco. Cuando la volvió a meter, se la puso toda sin detenerse, sin resistencia, luego la sacó otra vez y repitió lo mismo mientras yo miraba. Eso hizo que no pudiera contener mi excitación, estaba por acabar en la boca de mi hija y por un segundo pensé en sacar mi verga de su boca, pero ya era tarde. Agarré fuertemente la cabeza de mi hija con mis dos manos y me cogí su boca como desaforado introduciéndole casi toda mi verga de 21cm de largo y 5cm de diámetro, hasta que le descargué toda mi leche en su garganta. Matilda continuó chupándola hasta que mi verga se puso flácida dentro de su boca, extrayendo hasta la última gota de mi esperma. Uno minuto más tarde Julio sacó de pija del ano y se la colocó en su boca, la cual parecía no entrar. Ella se la chupó hasta que recibió su esperma dentro de su boca, del cual se alimentó, como lo había hecho con el mío.

Un momento después mi calentura ya había cesado, entonces un sentimiento de culpa, remordimiento, vergüenza y muchos más me invadieron. Mi cara se transformó de repente y mi hija al notarlo me dijo:

– No te preocupes papito, no va a pasar nada, acá está tu hijita y te va a ayudar. Yo lo disfruté mucho.- me dijo sonriendo.

Eso me tranquilizó.

Desde ese día tengo sexo con mi hija, tanto acompañado por Julio, como sin él. Charlando con Julio me confesó que ella lo sedujo para que él fuera el hombre que la desvirgara.

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